Más reina y más Thatcher


No estoy de acuerdo con que la cuarta temporada de The Crown sea la mejor, prefiero la anterior, la tercera, en la que aparece por primera vez Olivia Colman dando vida a Isabel II, y Helena Bonham Carter en el papel de su hermana Margarita. Hay capítulos memorables de las dos como grandes protagonistas, pero cada vez que ambas comparten escena se crea un duelo genial que atrapa al espectador y sobre todo que acerca íntimamente a esas dos mujeres tan opuestas y tan unidas en el fondo. La reina reniega de los excesos de Margarita y Margarita se forja como la consecuencia irremediable de todo aquello que no es Isabel. De ese choque de contrarios surge lo mejor de esta magnífica serie, que en esta cuarta temporada las ha dejado a ambas mucho más de lado, pero sobrevive gracias a la brillante aparición de Margaret Thatcher. Brillante con ese traje azul klein que hiere tanto a la vista como al corazón. Detrás de Thatcher está Gilliam Anderson, la famosa agente Scully de Expediente X, que consigue dirigir toda la atención hacia la dama de hierro. A su lado, la reina Isabel, que tan fría nos parecía al principio, acaba siendo un bomboncito tierno con todas las aristas más a flor de piel. De esta temporada de The Crown fascina la Thatcher, con la rigidez de su cardado y su implacable mirada despiadada. Si no fuera por ella, esta vez la serie caería en la ñoñería del biopic cursilón. Me quedo con la Thatcher y sus desencuentros con la reina.

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