A veces parece que el presidente Sánchez solo domina la estrategia del «divide y vencerás», y así lo deja ver en su relación con las otras fuerzas políticas, que unas veces figuran como socios irrenunciables y otras como cofrades prescindibles. Y en esta fila de «seducidos o abandonados» han ido figurando casi todos, porque, al parecer, el actual presidente del Gobierno necesita en cada caso una combinación que alimente la esperanza de que todas las combinaciones son posibles si él está en el centro.
¿De qué centro estamos hablando? Desde luego, no de uno permanente, sino del que más le convenga o necesite en cada instante, sea con EH Bildu o con Ciudadanos, pasando por todos los demás, con la única exclusión total de Vox, porque también a la exclusión total necesita ponerle un rostro. Es -o así lo parece- el juego político de nuestro inefable presidente Sánchez en sus pasarelas. Y no seré yo quien diga que lo hace mal. Lo que sí afirmo es que ese juego de equilibrios recurrentes puede recibir un día un contundente rechazo de los votantes, cansados de tantas acrobacias circenses.
Porque el problema no son las políticas, sino los resultados. El presidente ya no nos da homilías televisadas sobre el coronavirus, tal vez porque ha descubierto que el tema ya no es políticamente rentable. Por ello ha delegado en otros las explicaciones rutinarias de cada día, y lo comprendo. Pero ignoro qué quiere ofrecernos en lugar de lo de antes. ¿Su silencio? ¿Su ausencia? Reconozco que el presidente no es tan predecible como muchos creen. Algunos de los más críticos han dicho que quiere seguir en el poder hasta el 2030. Yo creo que no mira a tan largo plazo, porque sabe lo importante que es resolver los problemas de cada día, sin resbalar en la escalera de subida a la torre.
No, no es fácil entender al inefable Sánchez, pero quizá no es imposible lograrlo si se observan sus pasos y se escuchan sus discursos mutantes sobre el largo plazo, siempre para lograr objetivos a corto. Por eso creo que muchos de los que se equivocan al enjuiciarlo (a favor o en contra) no se han detenido a observar lo que quizá es solo su enorme ansia de seguir en el poder. ¡Ay, el poder!... Pero ni de esto estoy seguro, porque quizá Sánchez es la parte más opaca de un misterio aún sin desentrañar.