No. No hay cordón sanitario en Europa

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Julio Muñoz | Efe

01 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«España es el segundo país del mundo con más desaparecidos, después de Camboya». Es difícil rastrear por Internet el origen de semejante tontería. Pero la idea, con variaciones haciendo alusión a fosas comunes o muertos en las cunetas, ha hecho fortuna, hasta el punto de que el exvicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, la defendió en varias ocasiones y la ministra de Igualdad, Irene Montero, sostuvo semejante disparate en un debate electoral, sin que nadie la rebatiera. No es necesario mucho estudio histórico para saber que en Camboya los jemeres rojos exterminaron a 1,7 millones de personas; que en la Unión Soviética se asesinó a tres millones de seres humanos que fueron arrojados a las cunetas; que la Alemania nazi, además matar a millones de judíos, asesinó a millones de prisioneros soviéticos y polacos arrojados a fosas comunes; que Mao liquidó a más de diez millones de chinos, o que Vietnam o Irak tienen un millón de desaparecidos cada uno. Por no hablar del exterminio de los indios en EE. UU., las matanzas coloniales en África o el genocidio japonés en China. Da igual. Aunque en España hubo 114.226 desaparecidos entre 1936 y 1951, la medalla de plata tras Camboya es ya indiscutible. Basta repetir una falsedad el número suficiente de veces para convertirla en la verdad oficial.

Tras las elecciones alemanas, ha vuelto otra cantinela igual de falsa, pero repetida siempre por políticos y politólogos de toda laya. En ningún país de Europa, se afirma, el PP podría gobernar gracias a Vox, porque en toda Europa se aplica un cordón sanitario a la extrema derecha y nadie acepta gobernar gracias a ella. Puede que en Alemania haya sido así. Y no siempre. Pero vayamos a los datos. El actual canciller de Austria, Sebastian Kurz, llegó al cargo en el 2017 tras formar una coalición con la extrema derecha del FPÖ, que incluso se hizo con la vicecancillería. En Países Bajos, Mark Rutte fue primer ministro en el 2010 gracias a un acuerdo con el xenófobo Partido por la Libertad. En Finlandia, la extrema derecha del Partido de los Finlandeses entró en el 2015 en el Gobierno del primer ministro Juha Sipilä. En Estonia, el primer ministro Jüri Ratas formó en el 2019 una coalición con el etnicista de extrema derecha Partido Popular Conservador de Estonia. En Italia, la xenófoba Liga Norte de Bossi gobernó con Berlusconi entre el 2001 y el 2006 y entre el 2008 y el 2011. Y Matteo Salvini fue vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Interior entre el 2018 y el 2019. En Bélgica, el xenófobo N-VA (aliado de Puigdemont) estuvo en el Gobierno de Charles Michel entre el 2014 y el 2018. En Noruega, el xenófobo Partido del Progreso gobernó entre el 2013 y el 2020 junto con el Partido Conservador. Hay más casos.

En España, las familias tienen todo el derecho a que se identifique a sus antepasados enterrados en cunetas. Y el PP haría muy bien en tomar la máxima distancia sobre Vox, con el que no gobierna en ningún sitio. Pero ni España es Camboya, ni Casado sería un rara avis en Europa si algún día es investido gracias a los votos de Vox.