El PP contra el PP

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Alberto Ortega | Europa Press

08 nov 2021 . Actualizado a las 09:07 h.

La guerra fratricida entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso muestra la peor cara de la política: una lucha encarnizada por el poder interno en la que los ciudadanos no importan absolutamente nada. Con casi todas las encuestas favorables y Madrid convertida en bastión inexpugnable para la izquierda, el PP ha decidido emprender un proceso autodestructivo y suicida, incomprensible más allá de la pugna por ver quién manda aquí, en la que todo vale, el juego sucio, las filtraciones, el cainismo e infantiles bloqueos en WhatsApp por parte de la presidenta. Un Pedro Sánchez en apuros, pero superados de momento los problemas de la coalición, asiste entusiasmado al intercambio de golpes. Ni el más perspicaz de sus gurús podría haber imaginado un escenario mejor para sus intereses. La negativa de Casado a dejar que Ayuso controle también el PP de Madrid, lo que le proporcionaría un poder inmenso, denota miedo e inseguridad, aunque es evidente que será él quien se enfrente a Sánchez en las próximas generales, en la que sería su última bala si cosecha su tercera derrota o no puede gobernar con la ultraderecha. Por su parte, Ayuso hace exhibición de músculo, deja claras sus ambiciones de futuro (si Casado fracasa de nuevo en el 2023) y no está dispuesta a doblegarse al mandato de la dirección nacional. En todo caso, no parece ilógico que la mujer que ha arrasado en las urnas aspire a liderar el partido en la comunidad. Los barones moderados (Feijoo, Moreno Bonilla) asisten atónitos al espectáculo de choque de egos. Es un axioma politológico que las divisiones internas en los partidos tienen un coste electoral. Como dijo el que fuera canciller alemán, Konrad Adenauer, «hay tres tipos de enemigos: los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido».