¿Qué hacer con el monstruo?

Belén Fortes EDITORA

OPINIÓN

UKRAINE MILITARY

11 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay poemas que sirven para ilustrar estos tiempos de guerra: «Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron a por los judíos y no dije nada porque yo no era judío (...). Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada».

Por ello, el argumento del «no hacer nada» no es aceptable. Hay en nuestro país quien sostiene que hoy se puede combatir a lo Gandhi, aunque haya dicho «no a la guerra» alto y claro en ocasiones anteriores. Para algunos, solo hay guerras ilegítimas si el país agresor es EE.UU. Como en el poema de Niemoller, son demasiados los que ignoran que ellos serán los siguientes.

El nuevo zar de Rusia, con toda su frialdad, no está muy lejos de Hitler y su política de conquista y dominación. El error fue no pararle los pies al Führer desde el principio. Ahora nos arrepentimos de no haber hecho apenas nada en el 2014, cuando el presidente ruso se anexionó Crimea. Ya sabíamos que la historia se repite, pero hemos preferido olvidarlo.

A la codicia y prepotencia del «espía que llegó del este» se acabó uniendo la ira por los malos resultados de «su candidato» a las elecciones ucranianas. Desde el comienzo de la guerra, Putin, sobre cuya cabeza planea la sombra del Tribunal Penal Internacional, no ha respetado los altos el fuego acordados ni los corredores humanitarios, y ha bombardeado hospitales, colegios y convoyes de refugiados, provocando una crisis humanitaria sin precedentes.

La crisis que se vive en el este de Europa ha sembrado el pánico en las bolsas y ha disparado la inflación. Decía Shakespeare en Cuento de Invierno que, aunque la autoridad es un terco oso, a menudo se la conduce por la nariz con oro. La pregunta es: ¿qué hacer con el monstruo? La historia nos enseña que es un virus letal del que hay que proteger al resto del mundo.

Las sanciones económicas no estallan creando destrucción, pero infligen un daño irremediable al agresor. Josep Borrell, durante los primeros días de la guerra, afirmaba que era necesario emprender acciones coercitivas contra quien amenaza la seguridad de todos.

Una guerra nunca es justa y siempre es una incógnita, pues se sabe cómo empieza pero no cómo acabará. Nadie desea mandar a sus hombres a combatir por otro pueblo, tampoco una escalada bélica, menos aún en la era nuclear.

¿Recordaremos a Zelenski como al Allende de nuestros días? Durante los últimos días le hemos visto permanecer firme defendiendo a su país, sin arredrarse ni ceder al miedo o al desánimo. Cada día que pasa, el otrora actor está más cerca de convertirse en un mito o en un héroe.

En estos funestos días, en Europa no suena el Himno a la Alegría, pero por doquier se escucha que Occidente no va a tolerar ninguna clase de totalitarismo. Nadie puede decir que este conflicto no va con ellos. Queramos o no, la guerra y sus consecuencias son una realidad, y a ese tren todos estamos enganchados.