La lluvia del martes

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

EUROPA PRESS | EUROPAPRESS

18 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta semana llovió. Pero no como llueve donde hace calor y la lluvia es violenta y vengativa. No era la lluvia monzónica del Bromfield de Vinieron las lluvias. Ni siquiera esa otra lluvia nuestra que no viene ni se va, que está ahí ya de antes y es fina y discreta y perenne, la de la Mazurca para dos muertos de Cela. La de esta semana fue una lluvia alegre y amigable, como cuando un perro salta y ladra y dice que también está, que contemos con él. Para mí, que me pilló en la calle y me empapó hasta los huesos, fue como un abrazo de alguien querido que estaba de viaje y vuelve con maletas y efusiones. La vida del verano, los conciertos de la playa, los políticos en niqui, los mercadillos de artesanía, los fuegos artificiales me aturullan y me desorientan. El calor, un poco también. Por eso, para mí, la lluvia de esta semana me ha traído un mensaje amable, y la he recibido como lo harían los arbustos empolvados que se ven en las medianas de las autopistas, con alivio y felicidad. Una lluvia que además se lleva a los turistas con la música a otra parte.

El agua que cae me parecía de niño una especie de milagro —como la radio de la cocina o la tortilla de patatas de Sinda— y ahora, ya más acostumbrado, me parece un canto a mí mismo, como escribía en Hojas de hierba Walt Whitman; un canto a la vida.

Ahora que viene el otoño y los días se hacen mas cortos y más íntimos, y la lluvia se abalanza con entusiasmo, parece como si volviéramos a casa. Como si el verano fuera un país extranjero.