Los que se quieren

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

Alberto Ortega | EUROPAPRESS

26 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay una nueva tendencia a inventar la cultura y la política, ignorando lo anterior y corrigiendo el pasado. Se llama presentismo y equivale a la foto fija del cine. Es una actividad, una actitud, frívola, alegre y arrogante, autoritaria. La practican personas como Pam o García Gallardo, el del peinado raro. También los que quieren censurar libros que no han leído en que se dicen cosas feas, racistas, machistas, que contienen perversiones sexuales, ya saben: Tom Sawyer, Lolita, Justin, la Biblia...

Son, en definitiva, personas que se creen moralmente superiores a mí, lo cual podría aceptar si me contaran por qué, si me mostraran sus méritos. Los políticos moralmente superiores —bueno, los políticos en general— practican también el colegueo, que es la alegría de estar todos juntos, y cuando se ven se abrazan efusivos y cariñosos, se agarran el cuello, se tocan la cara con una intimidad que asusta, que yo no he tenido ni con mi padre, y que lleva a imaginar con horror —si esto es lo que hacen en público— qué no harán en privado.

Uno piensa que a los políticos los deben de unir sus ideas y su concepto de la administración del Estado, no su amor y su simpatía —reflexivos o recíprocos— mutuos. Que cuando se encuentren valdrá con que se estrechen la mano. Cuando yo era pequeño, en el Cine Equitativa andaba Chousa, el legendario acomodador, buscando con la linterna parejas acarameladas para echarlas de la sala por indecentes. Hoy por lo que parece se hubiera encontrado parejas de políticos.

Tengo que reconocer que me ha emocionado ver al ex presidente de Valencia, el corrupto Zaplana, que estuvo ingresado en la cárcel nueve meses con cáncer de médula, hablando en la televisión de su caso. Y también me ha emocionado ver a Pam, arrogante y triunfadora, rodeada de admiradoras que le hacían la pelota, reírse de la ley de delitos sexuales que ha resultado ser como unos calcetines negros que mi mujer me esconde y me quiere tirar a la basura. Total, porque tienen unos cuantos agujeros.