Bienvenido a la basura

Eduardo Riestra
eduardo riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

Ana Obregón, desolada a la salida del tanatorio donde velan a su padre
Ana Obregón, desolada a la salida del tanatorio donde velan a su padre

03 abr 2023 . Actualizado a las 09:09 h.

Cada bebé que nace es como un rugido del león de la Metro, que anuncia una película: una vida incierta, imprevisible. El recién llegado, que solo quiere comer, dormir, un poco de calor, puede ser nieto de usted que está leyendo estas líneas, o de su vecino de arriba. También puede ser uno de los niños de las misiones a los que los españoles podíamos poner nombres cristianos —José Luis, Dolores, Argimiro— previo pago de una cantidad que permitía la adopción a distancia, precursora de las oenegés de ahora. A los padrinos españoles les llegaba una foto de un niño o una niña sonriente y repeinada, y una carta en castellano, me imagino que la misma para todos.

Un bebé recién nacido puede ser afortunado si es bienvenido. Los que no, a veces, se encuentran con gentes buenas como Manolita Chen o Josephine Baker. O con Kala, como Tarzán, del que yo ya hablaba aquí hace unos días.

Un bebé es la esencia de lo que somos: un ser vivo, palpitante, cálido, ignorante e indefenso. Y, sobre todo, inocente. Hemos visto estos días uno de esos en los telediarios. Un bebé que nace sin conciencia, que salta de la placenta a la telebasura en apenas unas horas de vida.

Yo no sé sobre los derechos de las diferentes madres, sobre las legislaciones de los países, sobre pagos y cobros, sobre registros civiles. Solo sé que la grosera violación de la intimidad de un ser indefenso que entra por la puerta grande al terreno de la mayor procacidad y bajeza moral debería ser perseguida por un fiscal de menores.