«Charlamentarismo»

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

benito ordoñez

05 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

El gran Miguel de Unamuno lo afirmó en su día con rotundidad: «La democracia es parlamentarismo político y no charlamentarismo tertuliano». Tenía entonces toda la razón, como la tendría ahora si se refiriese en los mismos términos a la situación política actual. Porque el charlamentarismo, lejos de desaparecer, se ha ido acrecentando con el paso del tiempo y sin que surja la menor autocrítica. Y todo esto es así quizá porque solo importa el debate en el que nada se debate realmente, pero en el que sí se persigue conseguir el poder o defender intereses propios.

Decía el escritor británico Robert Louis Stevenson que «la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación». Y el grandísimo humorista Groucho Marx fue aún más lejos: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». Algo que ocurre con frecuencia, como se puede deducir de algunos debates estrafalarios a los que asistimos y en los que solo se busca una victoria dialéctica que se pueda traducir en un mayor respaldo electoral.

Pero hay una realidad incuestionable. La democracia —es decir, el parlamentarismo político— ofrece la oportunidad de una nobleza funcional que debiera ser muy cuidada en todo momento por los gobernantes. Porque tanto ellos como los que aspiran a sustituirlos deben confrontar sus programas y afrontar unas elecciones que sean una expresión clara de la voluntad popular. Porque la confrontación electoral no debe desvirtuar el proceso en ningún caso. Ya basta con que se despellejen en debates interesados. Porque, como es natural, todos quieren la victoria, pero no debieran de caer en el charlamentarismo tertuliano, que a veces causa serias averías en el proceso democrático. Y esto sucede porque no es fácil sortear las tentaciones y practicar el juego limpio. Ese ideal que no acaba de cumplirse nunca del todo, porque no es fácil evitar el juego sucio al que empuja la ambición de alcanzar el poder por parte de las fuerzas políticas contendientes. Una lástima, porque no parece que se avecinen cambios favorables en estos procesos.

Alguien dijo que la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos. Y es de creer que por ahí siguen yendo los tiros, porque no se detecta ningún intento serio de cambio. Convivimos con lo que hay y votamos libremente. Algo es algo, porque no todos pueden decir lo mismo. Pero debiéramos aspirar a más y ser más exigentes con nuestros políticos. Saldríamos ganando todos. Y saldría perdiendo el charlamentarismo tertuliano que tanto abunda.