
Definitivamente, está claro que al presidente Sánchez no le han hecho gracia los resultados adversos de los pasados comicios autonómicos y municipales, lo cual explica su precipitada convocatoria de unas elecciones generales que le permitan salir del agujero y fortalecerse en su posición al frente del Gobierno. Una decisión que tiene una lógica acreditada en la propia trayectoria de Sánchez, pero que en algún momento tendrá dificultades para sostenerse. La realidad también tiene a veces unas patitas cortas.
Leo que el líder popular, Alberto Núñez Feijoo, se ha extrañado de que el presidente Sánchez no le haya enviado un mensaje de felicitación tras conocerse la victoria del PP en las autonómicas y municipales.
Algo sorprendente, porque lo novedoso, por muy inesperado, sería que el presidente del Gobierno tuviese ese detalle. Sánchez ya estaba con los ojos puestos en la manera de revertir los resultados, que es de veras lo que le preocupa y la razón por la que ha precipitado la fecha de las generales.
El resultado del pasado 28M ya ha empezado a alejarse de las cavilaciones de Sánchez. Si acaso, su única reflexión al respecto se ha reducido a determinar qué debe hacer para darle la vuelta al resultado y evitar deslizarse fuera de la Moncloa. Porque es en este punto en el que se sostiene su propósito y su programa futuro, con la idea clara de que aquí no ha pasado nada que altere su posición política, nacional e internacional.
Los años que lleva Sánchez en la Presidencia del Gobierno nos han permitido a todos hacer valoraciones de aciertos y errores. Él, que un día se proclamó admirador del gran escritor gallego Ramón María del Valle-Inclán, debe saber que el esperpento es también una forma de la realidad que explica lo que uno a veces simplemente considera inexplicable. Está claro que Sánchez aún no cree que haya llegado la hora de desprenderse del poder. Pero quizá debiera releer al gran Valle-Inclán. Por si acaso.
Porque, ciertamente, el futuro aún no está escrito. Pero alguna avecilla del azar aletea ya sobre él. Quizá porque, como dijo el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García-Page, «el PSOE y el PP están jugando a que no haya centro».