
Existen espléndidos cronistas que han consagrado el fútbol como un paradigma de la reciedumbre y capacidad del hombre, para poco a poco avanzar hacia un cambio de perspectiva que ha ido transformando ese paradigma tradicional, rechazando estereotipos y condenando a las hinchadas xenófobas, homófobas o racistas y aquellos comportamientos de las directivas de los clubes o federaciones que los toleraban. Una evolución con paralelismos en el periodismo taurino, desde aquel de El Burladero de Lozano Sevilla, taquígrafo de Franco, en los años 60, hasta las crónicas del periodista Joaquín Vidal.
Paradigma del fútbol que, en el caso de La Roja masculina, nos ha llevado desde la furia española del gol de Marcelino hasta el juego pausado de aquel Mundial de Iniesta, Pujol y Del Bosque. Cambio en la concepción del fútbol al que le han acompañado las crónicas innovadoras de Valdano, o las de Xabier Aldecoa, Ramón Besa, y Olga Viza. Incluida la anomalía de Mariano Rajoy.
Desde aquel periodismo deportivo primigenio de Carmen Izquierdo, a quien su colega Olga Viza, en una emocionada y veraz pieza periodística, calificaba de «paracaidista» que había osado irrumpir hace cincuenta años en el césped del Santiago Bernabéu, el deporte y el fútbol femenino se ha ido afianzando en nuestra sociedad, ocupando espacio en los medios y aumentando seguidores y audiencia, al tiempo que las mujeres se han consolidado en el periodismo deportivo.
Difícil sin embargo ha sido leer u oír crónicas de fútbol femenino hasta hace unos años. Años que han traído el logro de un convenio colectivo —imprescindible para la profesionalización— y los avances en las competiciones internacionales, como estas del Mundial de Australia y Nueva Zelanda. Crónicas con un análisis del juego y de la importancia del fútbol femenino y su papel cultural. Debilitando con ello el papel del elitista fútbol masculino, a pesar de la brecha económica, y aportando nuevos valores, también de género, sin el rechazo a las minorías sexuales o raciales, aún asentados en la competición masculina.
Los resultados en este Mundial afianzan el fútbol femenino y con él a jugadoras como Alexia Putellas, Salma Paralluelo, Teresa Abelleira y tantas otras, referentes ya para las cien mil mujeres federadas a la búsqueda de la igualdad. Martínez Bascuñán, politóloga, no ha dudado en describir el fútbol femenino como un juego más lento, estéticamente más bello y de mayor sofisticación e inteligencia que el practicado por el fútbol masculino. Y uno no duda de que las competiciones de fútbol femenino cambiarán la cultura del fútbol, también el masculino —como se observa en el consuelo de Mariona a su compañera de equipo Fridolina, eliminada con Suecia—, y ganarán disfrute y audiencia. Una cultura del fútbol que fijó mi atención, hace más de 12 años, con la descubierta de una modesta competición femenina entre los equipos de las estudiantes de Medicina de los hospitales de Barcelona. Iba por el Sant Pau.