
En una era marcada por los avances médicos y tecnológicos, la persistencia de la gota, una enfermedad conocida desde tiempos antiguos, resulta paradójica. Caracterizada por episodios agudos de dolor intenso, inflamación y enrojecimiento de las articulaciones, especialmente del dedo gordo del pie, la gota sigue siendo una preocupación relevante en la medicina moderna.
Una enfermedad de abundancia e históricamente denominada la «enfermedad de los reyes», la gota se asociaba con dietas opulentas ricas en carnes y alcohol. Hoy esta condición no discrimina entre clases sociales debido a la prevalencia de dietas ricas en alimentos procesados y bebidas azucaradas, combinadas con estilos de vida sedentarios. Según la Sociedad Española de Reumatología, la prevalencia de la gota en España es del 2,4 %, afectando principalmente a hombres mayores de 40 años. La etiología de la gota radica en la hiperuricemia, una elevación de los niveles de ácido úrico en sangre, que, en determinadas circunstancias, adquiere la forma de cristales como agujas, responsables del daño en las articulaciones y en otros órganos como el riñón.
Contrario a la creencia popular, la gota no afecta exclusivamente a hombres mayores. Las mujeres posmenopáusicas también están en riesgo. Además, la idea de que la gota es meramente un resultado de una dieta inadecuada es reduccionista. La hiperuricemia, el principal factor predisponente, puede ser consecuencia de predisposición genética, insuficiencia renal, trastornos metabólicos o consumo de ciertos fármacos. Se estima que el 20 % de los pacientes con hiperuricemia desarrollarán gota en algún momento de sus vidas.
La gota no tratada puede evolucionar hacia complicaciones severas como la artritis crónica, daño renal o cardíaco. En España, aproximadamente el 5 % de los pacientes con gota desarrollan nefropatía por ácido úrico. Su impacto en la calidad de vida es significativo, limitando la movilidad y la funcionalidad diaria del paciente. Es imperativo que tanto los pacientes como los profesionales de la salud estén adecuadamente informados sobre la enfermedad y adopten estrategias efectivas de manejo y prevención.
La gota es una enfermedad manejable mediante una combinación de farmacoterapia y modificaciones en el estilo de vida. No obstante, el manejo debe ir más allá de los episodios agudos, enfocándose en la prevención a largo plazo. Adoptar una dieta balanceada, mantener un peso corporal saludable, reducir el consumo de alcohol y bebidas azucaradas, y realizar actividad física regularmente son intervenciones preventivas cruciales. Estudios indican que una reducción del 10 % en el peso corporal puede disminuir significativamente los niveles de ácido úrico en pacientes obesos.