Democracia, igualdad y Europa

Ramón Jáuregui
ramón jáuregui EXMINISTRO DE LA PRESIDENCIA CON EL PSOE Y PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN EUROAMÉRICA

OPINIÓN

Fernando Sánchez | EUROPAPRESS

27 oct 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Más allá de los efectos mediáticos del Congreso que el PSOE celebrará en los próximos días, el evento debería servir para algunas reflexiones políticas urgentes del máximo órgano deliberativo del partido.

La primera es que la democracia no está garantizada. Nuestro compromiso con las libertades, el estado de Derecho y los derechos humanos es prepolítico. Desde aquella pregunta de Fernando de los Ríos a Lenin «¿...y la libertad?» al eslogan de nuestro primer congreso después de la dictadura «Socialismo es libertad», somos un partido democrático con todas las consecuencias. La democracia no es la forma, es el fondo. España no es ajena a la crisis de las democracias. Tenemos problemas en la separación de poderes, en la devaluación del legislativo, en el partidismo de las instituciones, en la manipulación y en la desinformación de las redes sociales que destruyen el edificio deliberativo, en la debilidad de los contrapoderes a nuestra democracia y hasta en el acceso a la investidura en un sistema de bloques políticos irreconciliables. Una democracia mejor nos interpela. Es necesario abordar la reforma de nuestra Constitución para incluir en ella muchos temas pendientes. Desde la realidad europea a la igualdad de sexos en la sucesión de la Corona. Desde la financiación autonómica al modelo territorial, cambiando el Senado de raíz. Desde la inclusión de la sanidad como un derecho fundamental hasta la revisión de nuestra carta de derechos fundamentales para incluir una digitalización ética. El PSOE debería liderar esta renovación y ofrecer a todo el sistema político español una sincera voluntad de consenso en torno a ella. Naturalmente, una reforma de este calado debería ir acompañada de una reforma de los estatutos de autonomía para adaptarlos a un modelo federal del estado que incluyera las singularidades políticas sociales y geográficas de nuestras autonomías. La extraordinaria dimensión de esta tarea reclama no solo el entendimiento de PSOE y PP, sino de estos con los partidos nacionalistas de las comunidades, de manera que fuera posible someter en su momento a referendo en cada una de ellas la aprobación simultánea de su estatuto y de la Constitución. Esto aseguraría la aprobación de la Constitución en todas las comunidades autónomas y permitiría dar un enorme salto en la legitimación política de nuestra Constitución a las nuevas generaciones de españoles.

La segunda es una socialdemocracia moderna que proponga nuevas soluciones a la desigualdad, a la protección de los desfavorecidos y a la equiparación de las oportunidades para todos. Se trata de reconectar con un socialismo de las necesidades y de lo material frente a la preponderancia de las identidades de los últimos tiempos. Es un socialismo que incide en la predistribución de bienes públicos: vivienda, transportes, salario mínimo, costes de vida, servicios básicos... y que se proyecta hacia una sociedad laboral dualizada por la digitalización y necesitada de una modernización general de la cultura del trabajo y de las relaciones laborales.

Por último, y no por eso en último lugar, Europa. Europa está amenazada, no solo por la guerra en Ucrania y por los peligros de su vecindad con Rusia. Otras amenazas nos enfrentan a un futuro incierto, quizás incluso hostil. El mundo que se está configurando en este siglo XXI, ese que creíamos cargado de esperanzas y expectativas, es ajeno a muchos de nuestros valores y compite ferozmente con nuestros intereses. Amenazas tecnológicas, comerciales y geopolíticas se suman a las bélicas y cuando creíamos haber construido una unión supranacional capaz de pilotar y liderar el mundo de la democracia y de la paz, hemos descubierto que nuestra embarcación sufre múltiples vías de agua en un mar más que tormentoso.

El PSOE debe reafirmar su proyecto federal para España y para Europa y al hacerlo convertirse en líder de la unidad europea frente a tantas amenazas. No son solo amenazas externas. Las peores son nuestras divisiones internas. La pequeñez de los intereses nacionales, el miedo frente a una inmigración que necesitamos como el respirar, la estupidez de tantos que creen que «solos mejor». Este liderazgo exigirá valentía para afrontar políticas europeas de defensa, de competitividad y de inmigración, entre otras, que, hasta ahora, no hemos sido capaces de adoptar.