¿Europa indefensa? Nos lo hemos ganado a pulso

Tomás García Morán
Tomás garcía morán LEJANO OESTE

OPINIÓN

Craig Hudson | REUTERS

24 feb 2025 . Actualizado a las 10:12 h.

Nos lo hemos ganado a pulso. Teníamos en nuestras manos la mayor joya de la historia de la humanidad y la hemos destruido: historia, literatura, los mejores científicos del planeta, la buena vida mediterránea, la gran industria, un modelo social único. Y nos hemos dejado morir, ebrios de felicidad, empachados de autocomplacencia. Las heridas de esta Europa ciega, vieja y egoísta son probablemente incurables. Y lo peor es que nos hemos resignado a ingresarla en paliativos.

En el G20 de Londres del 2009, todos los asistentes queríamos un selfie con Obama. Era la primera vez que la gran esperanza negra venía a Europa. Fue el primer G20 tras la caída de Lehman Brothers. Un nuevo Bretton Woods. La refundación del capitalismo. Nunca más los poderes financieros campando a sus anchas, las oligarquías privadas manejando hilos sin urnas. ¿Les suena?

Todo siguió igual hasta que el tablero geopolítico saltó por los aires en Múnich. En un mes, Trump ha dinamitado Gaza, Groenlandia, Panamá, México, Canadá…, coronando su torbellino con la gran traición a Ucrania y Europa. Un delincuente convicto abrazado impúdicamente a dos asesinos: Putin y Bin Salman. Hannah Arendt: la banalidad del mal. Juega con nuestro destino como fichas de dominó. Y cada día nos lanza ovillos de lana para que nos peleemos como gatitos sin uñas. Para que discutamos si quien hace un saludo nazi es o no un neonazi. No será porque no había avisado.

El espectáculo de Trump firmando papeles como churros, enfrentado a la Europa de Von der Leyen, es desolador. Nos lo hemos ganado a pulso. Los hechos tienen consecuencias. Europa pena su pecado original: nunca hemos sido más que un gran feirón común, una torre de Babel sin alma. Y ahora además estamos infectados de odio por un ejército de caballos de Troya, porque nadie se atreve a hablar del molesto elefante en la habitación: los países del Este. Ni de la inoperante forma de decidir por unanimidad, que en realidad significa no decidir nada.

Pero Trump y sus cómplices no podrán ejecutar todo lo que sueñan. Nos necesitan. A pesar de la paridad económica de China con EE.UU., la ventaja estadounidense sigue siendo aplastante, pero para mantenerla le hacemos falta. Su PIB duplica al chino, y las grandes empresas occidentales —Apple, Bosch, Panasonic, Samsung, Volkswagen— dominan los sectores estratégicos. El peso de EE.UU. en la economía global se refleja en sectores clave: en aeroespacial, biotecnología y semiconductores, sus empresas generan el 55 % de las ganancias y sus aliados otro 29 %. China, en contraste, apenas representa un 6 %. Esta realidad otorga a Washington un poder de presión enorme sobre Pekín. Un desacoplamiento económico total podría costarle a China hasta un 51 % de su PIB, mientras que EE.UU. apenas perdería un 3,6 %. El desafío no es si EE.UU. puede resistir a China, sino si puede hacerlo sin Europa. Y la respuesta es clara: nos necesita, incluso aunque parezcamos demasiado débiles para asumir nuestro propio peso en la historia. Si esta vez no arreglamos Europa, aunque sea con una pistola en el pecho, no tendremos perdón de Dios.