Tarea: enamorar al universitario

María José Sánchez Parra PROFESORA DE MÚSICA EN LA FACULTAD DE EDUCACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

OPINIÓN

María Pedreda

27 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La enseñanza universitaria enfrenta hoy un reto ineludible: captar y mantener la atención de los estudiantes en un mundo repleto de estímulos y distracciones. En este contexto, la docencia no puede limitarse a la simple transmisión de conocimientos; debe convertirse en una experiencia significativa y participativa. La clave para lograrlo reside en una combinación de dinamismo, cercanía y metodologías adecuadas.

El punto de partida es generar un vínculo con el estudiante. Para ello, resulta esencial conocer sus intereses, inquietudes y motivaciones. Una relación basada en la empatía y el respeto mutuo crea un clima de confianza en el aula, donde el estudiante se siente escuchado y valorado.

Además, es fundamental contextualizar el aprendizaje, mostrando la aplicabilidad de los contenidos en la vida real. Si un estudiante comprende por qué un concepto es relevante para su futuro profesional o para la sociedad en general, su nivel de compromiso y curiosidad aumentará de manera significativa.

En el caso del proceso de enseñanza-aprendizaje de la música, el aprendizaje colaborativo permite que los estudiantes se enriquezcan mutuamente, fortaleciendo el trabajo en equipo y el sentido de comunidad. Elegir metodologías que transforman al estudiante en protagonista, haciendo que el aula sea un espacio dinámico y participativo.

La tecnología puede ser una gran aliada si se usa con un propósito pedagógico claro. Herramientas digitales como plataformas interactivas o simulaciones virtuales pueden hacer que la clase sea más atractiva. Sin embargo, el abuso de la tecnología sin una estrategia adecuada puede generar distracción en lugar de aprendizaje. Es importante encontrar un equilibrio y utilizar la tecnología como un medio para potenciar la enseñanza, no como un fin en sí mismo.

El refuerzo positivo también juega un papel clave. Valorar el esfuerzo y los avances, más allá de los resultados finales, fomenta la motivación y el compromiso.

Captar la atención del estudiante no es una tarea fácil, pero con estrategias adecuadas se puede transformar la enseñanza en una experiencia enriquecedora. Crear un ambiente de confianza, apostar por metodologías actuales, usar la tecnología con criterio y ofrecer una evaluación formativa son claves para lograrlo.

En el caso particular de la enseñanza de la música, estos principios adquieren una dimensión aún más profunda. La música no solo se aprende; se vive, se experimenta y se siente. Un docente de música no solo transmite conocimientos teóricos o técnicos, sino que guía a sus estudiantes en el descubrimiento de su propia voz artística y expresiva. Fomentar la creatividad, conectar la práctica con la teoría y generar experiencias de interpretación significativas son esenciales para hacer del aula un espacio donde el arte cobre vida.

Al final, la mejor recompensa para un docente es ver cómo sus estudiantes se convierten en aprendices autónomos, críticos y motivados para seguir explorando el conocimiento.