
Hace 20 años, alguien me explicó un día que al llegar a cierta edad había empezado a notar cómo se había vuelto invisible, como si su tiempo en esta realidad hubiese ya terminado aunque su corazón seguía latiendo al ritmo habitual. Como casi todas las lecciones importantes en la vida, solo se entienden cuando atraviesan la propia carne. Es difícil discernir cuál es el momento exacto, pero un día, dejamos de existir a pesar de que continuamos aquí.
Kathy Bates, con su ademán de abuela entrañable, encarna aquel dicho de que el movimiento se demuestra andando y en la pantalla enseña otra valiosa lección: lo que te define no es lo que te ocurre, sino lo que haces con ello. En un regreso inusual de Matlock (aquella serie de un abogado sénior que se emitió en los 80 y los 90), una mujer de edad, con sus caramelitos en la mano, es capaz de entrar en un importante bufete de abogados y que la contraten. Hay, desde luego, una agenda oculta. Y el hecho de haberse convertido en invisible para la sociedad le da ventaja a la nueva, aunque de mayor edad, abogada.
No será la revelación de la temporada y sus argumentos no son precisamente trepidantes, pero se agradece que de vez en cuando se abran las ventanas para ventilar y por una vez las mujeres mayores se deshagan del peso del papel que se les impone: ser abuelas.