La fiebre del litio

Manuel Luis Casalderrey
Manuel-Luis Casalderrey RINCÓN ABIERTO

OPINIÓN

30 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Recordarán que en el oeste americano se desató la fiebre del oro, recreada en múltiples películas. Se buscaba oro en explotaciones mineras y en corrientes de agua. Ahora le toca al litio, que se busca ansiosamente por todas partes.

El litio es un metal alcalino, junto con sodio, potasio, rubidio, cesio, que ocupa el lugar número 3 en la tabla periódica de los elementos. Fue identificado por primera vez en 1817 por el sueco Arfvedson, pero su obtención en estado puro la realizó el químico alemán Bunsen, mediante electrólisis del cloruro de litio.

El litio es el metal de menor densidad, aproximadamente la mitad que la del agua, por eso flota en ella, mientras reacciona formando hidróxido de litio (LiOH) y liberando hidrógeno, altamente inflamable. En el hidrógeno puede estar la causa de la explosión de un móvil cuando se moja. Su baja densidad da lugar a una alta carga específica (3.860 Ah/kg). La del plomo, usado en baterías de arranque de automóviles, es de solo 260 Ah/kg. Es decir, el litio tiene una carga específica casi 15 veces mayor que la del plomo. Comparando el litio con otros electrodos, se constata que la masa necesaria para producir una corriente eléctrica de un amperio durante una hora es de 3,85 gramos de plomo y solo de 0,26 gramo de litio; es decir, una masa de litio casi 15 veces menor que la del plomo.

El Nobel de Química del 2019 fue concedido al estadounidense John B. Goodenough, al británico Stanley Whittingham y al japonés Akira Yoshino, quienes, con sus investigaciones, han hecho posible la fabricación de baterías de ion litio, que ocupan poco espacio y resisten, sin deteriorarse apenas, un elevado número de descargas y recargas. Gracias a esas baterías, la humanidad dispone de teléfonos móviles, ordenadores portátiles, marcapasos, relojes, receptores de radio, medidores electrónicos de glucosa y de tensión y un largo etcétera de aparatos electrónicos con prestaciones no conocidas hasta su reciente aparición, que las ha hecho imprescindibles en la sociedad actual. Si desapareciesen las pilas y baterías de litio se produciría una catástrofe social de elevadas dimensiones, porque no funcionaría nada de lo que estamos acostumbrados a utilizar. Tampoco funcionarían los automóviles clásicos (el arranque se hace con una batería), ni los híbridos (tienen un motor eléctrico), ni los totalmente eléctricos (su energía sale de las baterías).

Dada la importancia del litio, no es de extrañar que la Unión Europea declare estratégica la mina ubicada en Doade, en el municipio de Beariz (La Voz, 26-3) y dé facilidades para su explotación.