
Sucedió durante el ensayo general del fin del mundo, el día del gran apagón con el país entre tinieblas diurnas. De repente viajamos doscientos años atrás, y el fiat lux del Génesis, cuando Dios iluminó la tierra, se tornó en un fiat umbra, que apagó luminarias y semáforos, parafernalia eléctrica en cocinas y electrodomésticos, y lo que fue peor, canceló consolas, táblets y ordenadores, y silenció teléfonos móviles.
¿Qué hacer? Se preguntaban los adolescentes, los jóvenes ante la mudez de sus apéndices electrónicos cuando de repente escuché en mi transistor a pilas el consejo de un pedagogo recomendando a la muchachada que era el momento de seguir el camino de los libros, leer un libro como alternativa.
Y recordé que podía jugar con las palabras y me detuve, en los gozos de un día que anunciaba el verano y las sombras del castigo que nos había traído la oscuridad desconectándonos del mundo. Fue un pequeño homenaje a Gonzalo Torrente autor de Los gozos y las sombras, que reúne tres tomos titulándose el tercero La pascua triste.
Leer, seguir el camino de los libros, es una elección. Encontrarse con el placer de la lectura es la mejor de las alternativas. Yo, que desde muy joven me considero un letraherido, aprendí a leer cuando aprendí a soñar, y pronto comprendí que los libros sanan, perdonan todos los pecados capitales y son el mejor antídoto contra el odio y la ira, combatiendo la intolerancia. Escribió san Agustín que cuando rezamos hablamos con Dios pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.
El mundo estuvo callado durante muchos siglos, la oscuridad era la ignorancia y la superstición, Europa era en su mayoría analfabeta y fue Aldo Manucio quien creó la pasta de papel; y con Gutemberg que inventó la imprenta en 1440, se editaron a un precio asumible miles de libros, desde la Biblia, o la obra de Platón a la Divina Comedia de Dante. Se hizo la luz en las páginas de los libros y el hombre comenzó a ser más culto y más libre. Y fue Cervantes quien afirmó que «el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». El consejo del pedagogo fue cabal, acaso útil, y yo les aseguro que leer es encontrar todos los paraísos perdidos que están sin duda en el camino de los libros.