
Las noches cuando mayo conduce sus pasos desde el corazón tibio de la primavera hacia las vísperas del verano son como la estrofa rosaliana que decreta el adiós a los ríos y las fuentes y llena de nostalgia el baúl saudoso donde guardamos la memoria.
Es el «prácido luar» mientras la luna se cuela entre los dos himnos que definen nuestro carácter, el oficioso de los cantares gallegos y el oficial y solemne himno gallego que nos acoge entre los acordes del fogar de Breogán.
Ya casi damos por concluido el brioso mes de mayo, el mes de las flores, con su sinfonía de amapolas, prímulas y peonías y el recuerdo lila y malva de los campos de lavanda que inundan Brihuega, en Guadalajara, o la alta Provenza francesa, despidiendo lentamente la fogosa primavera.
Mayo mayea perezoso y convierte el calendario en el mes más largo del año. Por los pueblos de Galicia se cantan los mayos y toda la maleza, los arbustos, bailan en las calles y se cantan coplas satíricas desde hace mil años celebrando la exaltación de la naturaleza y el final del invierno; mientras los escolares recuerdan los primeros versos del romance del prisionero, de autor anónimo, que dicen «que por mayo era por mayo cuando hace la calor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor», y hasta mí llegan los viejos trinos archivados en algún rincón de una memoria de mayo.
Y mientras contemplo virtualmente las hojas nuevas, las verdes hojas de las hayas y los carballos de mi tierra, regreso al paisaje amable de las noches claras, las noches líquidas de mayo, transparentes con una luz táctil que ilumina tenue el decorado del cielo y nos enseña el misterio de Betelgeuse, la estrella roja, mientras reubicamos a la Osa Mayor y al Carro Estelado que surca la ruta celestial.
Recordamos las noches plácidas dibujando el futuro y aguardando que llegue el alba y pinte el mundo con los colores de la amanecida
A mediados de este mes, las letras escritas con la maestría de nuestra lengua madre han tenido su día grande, recuerdan a una mujer pionera en las letras gallegas que con su tesón y empeño nos regaló nuestra mejor seña de identidad. Rosalía nos enseñó a saber quiénes somos.
Mayo, con abril, son mis dos meses fundacionales, en los que nace la vida, donde residen todas la esperanzas que en el mundo habitan. Corren desesperados procurando el solsticio que inaugura el verano por San Juan. Mientras tanto, miro absorto cómo sube la marea y se hace la noche en el claro de luna del prácido luar.