Kurdos en Irak y la cuerda floja

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

PABLO MEDINA

03 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

No ha sido, en absoluto, una inmersión en el pasado, sino un baño de realidad aderezado con esperanzas para el futuro. Mi recorrido por el Kurdistán de Irak de este mes de mayo me ha permitido constatar varias certezas, así como algunas incertidumbres. Desde la bulliciosa, ruidosa y caótica capital, Erbil, pasando por las inmensas planicies que la rodean hasta la montañosa Suleimaniya, la región autónoma ofrece una imagen de progreso tintado con vestigios de un pasado reciente muy doloroso. Pero la prosperidad y la seguridad en las que se vive no se corresponden con la cruda realidad de una política colapsada y a unas relaciones estatales y regionales extremadamente complicadas.

El Gobierno regional del Kurdistán adolece de graves taras que impiden considerarlo plenamente democrático. El núcleo de las deficiencias democráticas deriva del bipartidismo pactado, por el que se da una alternancia en el poder en base a un acuerdo no escrito entre el Partido Democrático del Kurdistán o PDK, de corte más conservador, y la Unión Patriótica del Kurdistán o UPK, más progresista. Esta división partidaria, originada en 1975 con la fundación de la UPK, provocó una guerra civil intra-kurda de 1994 a 1998 que solo pudo frenarse gracias a la intervención estadounidense. Pero la unificación no se ha producido de manera plena y las áreas de influencia de uno y otro partido son muy evidentes: el PDK, con su centro en Erbil, controla la mitad norte, y la UPK, con sede en Suleimaniya, domina el sur. Este bipartidismo, además, ha fomentado prácticas totalmente antidemocráticas como el nepotismo y la corrupción, que han lastrado el desarrollo regional. Si a ello unimos las discrepancias con el Gobierno de Bagdad sobre la distribución de los ingresos por la explotación de los yacimientos de petróleo y sobre la extensión territorial de la región como consecuencia de la disputa sobre la kurdicidad de la provincia de Kirkuk, obtenemos la imagen de una autonomía en la cuerda floja.

El descontento se percibe en el distanciamiento de los ciudadanos. Incluso aquellos que temen las represalias del PDK en Erbil, manifiestan que ninguno de los partidos resuelve los problemas que más les preocupan, como la falta de pago a los funcionarios, el desempleo o la carestía de la vivienda. No obstante, los kurdos son conscientes de que su región es un ejemplo de estabilidad con potencial para evolucionar a mejor, y en ello confían.