
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) es una enfermedad viral grave causada por un nairovirus (familia Nairoviridae) transmitido principalmente por garrapatas del género Hyalomma. Es una zoonosis que afecta a animales salvajes (liebres, erizos, aves migratorias) y domésticos, así como a ganado (ovejas, vacas, cabras), que no desarrollan síntomas. Sin embargo, los humanos pueden infectarse de forma esporádica y con alta letalidad. La transmisión en humanos es por picadura de una garrapata infectada a humanos, por contacto directo con sangre o tejidos de animales infectados o por transmisión nosocomial (contacto con fluidos de pacientes infectados).
En Europa es endémica en países del este (Albania, Bulgaria, Kosovo, Rusia, Turquía), Cáucaso y partes del sur de Europa (Grecia). En España, el primer caso autóctono fue en el 2016, en la provincia de Ávila. El paciente murió tras ser picado por una garrapata, y un profesional sanitario se infectó también (caso de transmisión nosocomial). En los últimos cuatro años (2021?2025), España registró al menos siete casos clínicos, de los cuales al menos tres fueron mortales: uno en el 2021 (no fatal), uno de dos en el 2022 (fatal), dos en el 2024 (2 fatales), siendo Castilla y León (Salamanca) la región más afectada recientemente, seguida del Bierzo y una aparición en Toledo. Este 2025 se han detectado por el momento dos casos (ambos en Salamanca), estando los pacientes estables hasta el momento. No puede descartarse algún caso esporádico más en los próximos meses.
Los síntomas en humanos consisten en un período de incubación de 1-13 días (según vía de contagio), una fase inicial de síntomas (fiebre alta, mialgias, cefalea, dolor abdominal), una fase hemorrágica (petequias, hematomas, hemorragias) y, finalmente, la muerte en un 10-40 % de los casos (según la rapidez del diagnóstico y cuidados).
Varios son los factores que favorecen su expansión, como el cambio climático (aumento de temperaturas y expansión del hábitat de la garrapata Hyalomma), la migración de aves (algunas especies migratorias transportan garrapatas infectadas), la ganadería extensiva y la interacción creciente entre humanos y fauna silvestre.
El diagnóstico es microbiológico mediante PCR en sangre, serología (IgM e IgG), aislamiento del virus. No hay tratamiento antiviral específico, aunque algunos antivirales se han utilizado de forma experimental, ni vacuna autorizada en Europa. Es clave para la evolución de los casos las medidas de soporte intensivo y aislamiento (el virus se considera de alto riesgo biológico).
La vigilancia y prevención de esta enfermedad es un claro ejemplo de la importancia del enfoque One Health en zoonosis. La vigilancia y control en España a través de la Red Nacional de vigilancia epidemiológica, el desarrollo de programas de control de garrapatas y vigilancia entomológica en zonas de riesgo y el fortalecimiento de la Red de Hospitales para la atención de Enfermedades Infecciosas de Alto Riesgo, para el manejo clínico y diagnóstico microbiológico de los casos en investigación y confirmados, son pilares complementarios de esta preparación.
Y no podemos dejar de recordar que, en esta mesa, España sigue con una pata coja: la falta de especialistas titulados en Enfermedades Infecciosas. Ante la creciente incidencia de esta fiebre hemorrágica, en la que se asumen por parte de los profesionales sanitarios riesgos similares a los de la atención de personas infectadas por el virus ébola, y se plantean fármacos experimentales de manejo complejo, la especialización es parte imprescindible tanto de la preparación como de la respuesta.
María del Mar Tomás es médica microbióloga del Hospital de A Coruña, coordinadora del grupo MicroTM del Instituto de Investigación Biomédica (Inibic).
Francisco Javier Membrillo de Novales es presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC)