Mientras hay un grupo devoto al revival que suponen los programas musicales al estilo Cachitos, como ese al que pone voz Santiago Segura, hay otro enganchado a las series de los noventa, que las plataformas han vuelto a poner en sus parrillas. Los chicos que no habían nacido cuando se estrenó Los Serrano ven ahora con sus padres, que entonces eran unos chavales, las andanzas de la superfamilia de Antonio Resines. Pasa también con Siete vidas, una de las mejores ficciones que ha dado nuestra televisión, y de donde salieron Carmen Machi, Blanca Portillo, Gonzalo de Castro o Javier Cámara, y en la que destacaban las collejas de la enorme Amparo Baró. De ahí salió Aída, otra de las producciones de éxito que en este momento nostálgico se están viendo repetidamente, porque la vuelta atrás es imparable. Periodistas, Médico de familia... son otras de las ficciones que, salvando las distancias, han recuperado a ese público que en bucle todavía sigue viendo —cómo no— la mítica Friends. Puede ser esa morriña de la juventud, de un tiempo en que nos parecía todo mejor, y en el que mojábamos más la magdalena de Proust. Tiene su aquel asomarse al retrovisor y sentir que algo se remueve, pero no más de cinco minutos. Al menos yo no soy capaz de regodearme en ese tiempo engominado y lleno de clichés manidos. Me gusta solo por ver el cambio y sentir que, en esto, también hemos ido adelante.