La literatura policial no deja lugar a equívocos: Santos Cerdán no lleva cinco meses y pico alojado en Soto del Real por casualidad. El juez Leopoldo Puente lo tuvo claro desde el principio. La corrupción salpicaba por igual al truculento José Luis Ábalos y al tosco Koldo García, ambos en libertad provisional, pero el exconcejal de Milagro, su pueblo natal, era el verdadero cerebro de la trama delictiva que se ha lucrado, aún no sabemos cuánto, a la sombra del sanchismo.
En el último informe de la UCO, más de doscientas páginas, no hay lupanares ni prostitutas, pero no falta nada más del catálogo de la delincuencia de cuello blanco. Una limpia tarjeta a nombre de una empresa de la que presuntamente tiene el 45 % de las acciones y a través de la que se canalizaban las mordidas del 2 % —los catalanes eran más caros, como desveló Pasqual Maragall— pactadas con Acciona servía para pagarlo todo. Paqui, su mujer, la misma que abronca a funcionarios y periodistas cuando acude a los vis a vis con su marido, era la reina de El Corte Inglés. «Gasta y gasta. Sin control», se quejaba por escrito Antxon, el amigo-socio-testaferro con vínculos personales y políticos con el PNV y con Otegi.
La Guardia Civil lo documenta todo. Ventanas y muebles de primera calidad, por valor de ocho mil euros, por lo menos. Delicatesen gastronómica en el supermercado de lujo de al lado de casa. Ropa de marca. Coches prestados no se sabe bien por quién ni por qué. Y, por supuesto, opíparas comilonas en los mejores restaurantes para saciar al «austero» ex número 2 del PSOE y a su familia. Miles de euros en el Sazadón, un restaurante de comida tradicional y precios modernos, o sea altos, a poco más de cien metros de su casa, un ático en Chamberí que también le salía gratis. Bueno, lo pagaba la empresa, más de 40.000 euros, dice la UCO. Para que no faltase de nada, las copas llegaban en el Penta, el bar mítico de la movida madrileña, el que inmortalizó Antonio Vega en La chica de ayer.
Pero Santos Cerdán no engañaba a nadie, ni siquiera a Pedro Sánchez, aunque se hiciera el afligido en la tribuna del Congreso cuando saltó el primer informe sobre el que había sido uno de los motores del Peugeot con el que reconquistó el PSOE. Sí, era lo que parecía desde el principio. En el partido impuso una férrea ley, contribuyó a aislar a Sánchez y fue capaz de reunirse con él todos los lunes en la célula de crisis constituida en la Moncloa para inventarse enemigos imaginarios, el lawfare, la máquina del fango y los malignos periodistas. Fue incluso el lunes antes de que trascendieran la primera parte de sus chanchullos. Y ha seguido utilizando la misma tinta de calamar en todos sus recursos para recobrar la libertad. Cero explicaciones, cientos de excusas y el dedo siempre señalando a la fachosfera para intentar tapar el volcán de su corrupción, presunta hasta que no haya sentencia.
Santos Cerdán saldrá de prisión probablemente en los próximos días. Pero su línea de defensa se ha desmoronado. Sánchez también puso la mano en el fuego por él, aunque ahora intente olvidarlo a la carrera. El navarro fue uno de los motores del clan del Peugeot del que se valió para reconquistar el poder en el PSOE y para urdir sus investiduras. Aunque intente hacer ver que no lo conoce, ni a él ni a Ábalos, parece poco creíble que se le pudiera pasar por alto algo que era vox pópuli desde que estalló el llamado caso Koldo. Santi, como le llaman en el PSOE, era lo que parecía desde el principio. Como Ábalos. Como Koldo.