Postal

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

20 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Por las razones que sean, prefiero los belenes con poca gente, en ambos sentidos: poca gente delante de ellos y poca gente en el propio pesebre. Pero el jueves visité uno de esos muy poblados, superpoblados casi: el que acaba de abrir el párroco de Santa Cruz. Un montaje difícil de adjetivar, una obra de arte a la que Jesús Echevarría tuvo que dedicar año y medio. Quizá el belén en el que mejor se cuenta y ambienta la historia de la Navidad. Entré con la estancia casi a oscuras y tardé un poco en hacerme cargo, hasta que me sorprendí breve pero profundamente emocionado. Quizá porque recuperé por sorpresa, como una ráfaga violenta, una sensación de infancia, que pareció sofocarme. Durante un par de segundos mis pulmones parecían incapaces de seguir funcionando. Me desconcerté.

En la oscuridad había empezado a descubrir figuras, muchas de ellas en movimiento, luces, un ángel y... el portal iluminado. Los pastores que llegaban se iluminaron también. Luego empezó a amanecer en Belén, y el pueblo se despertó con sus sonidos de siempre, como si no hubiera pasado nada, como si Dios no hubiera nacido. La calle del mercado, la escuela, el castillo del rey. Recordé de pronto la mirada tierna de los niños hacia el Niño, y su rabia cuando descubrían la Fortaleza de Herodes, que mataba niños a cientos porque le estorbaban. Siempre he pensado que el mayor castigo de Herodes habrán sido esas miradas iracundas de los críos en millones de belenes de todo el mundo, año tras año.

Quizá fue eso, el recuerdo de unas miradas de niño, lo que tan a traición me conmovió. Portarse como un crío de mayor puede desconcertar. Pero en estas fechas está muy bien, si uno quiere entender algo de lo divino. Feliz Navidad.