Dilemas en la inteligencia llamada «artificial»
OPINIÓN
La inteligencia humana es una facultad muy compleja, hasta el punto de haber sido capaz de crear otra que puede llegar a competir consigo misma: la llamada IA, de gran ayuda para la humanidad, pero que plantea dilemas.
En 1956, el matemático John MacCarthy organizó un seminario en Darmouth College, Nuevo Hampshire (Estados Unidos), tal vez atraído por la idea de que la inteligencia es un fenómeno que puede estudiarse mediante la construcción de modelos informáticos. Junto con Marvin Minsky, Allen Newel y Herbert Simon (más tarde premio nobel de economía) son considerados los pioneros. Al principio el nombre no agradaba, pero se mantuvo para designar un tipo de inteligencia que, como indica el ex director de Google Mo Gawdat, en La inteligencia que asusta, «no tiene nada de artificial, es una forma de inteligencia muy genuina aunque distinta de la nuestra». En la década de los 80, Japón contribuyó a su desarrollo, pero el gran avance llegó con el cambio de milenio; desde entonces ha sido acelerado.
Mo Gawdat nos advierte que no hay forma de detenerla. Será más inteligente que los humanos y se cometerán errores que pueden causar peligros que debemos prevenir. Nos recuerda que gran parte la inteligencia humana es el resultado de la interacción entre nosotros, y que gracias al lenguaje se pueden conservar y transmitir los conocimientos. Esta interacción en la actualidad incluye las máquinas, a las que no hay que temer, pero sí hemos de aprender a relacionarnos con ellas. Se está creando un nuevo ser que no es biológico, de gran inteligencia y que aprende rápido.
Vivimos rodeados de tecnología. Por ejemplo, las aplicaciones de móvil, ordenador o televisión, Google, Netflix, etcétera, incluyen componentes de IA. Lo que nos dice Gawdat es que el modo de lograr que las máquinas actúen a nuestro favor es que las tratemos con afecto e interactuemos con valores. Cada uno de nosotros tiene responsabilidad moral en el uso; por ejemplo, no debemos hacer comentarios ofensivos en internet. Quizá la IA hasta ahora se ha centrado en facetas científicas y la competitividad, pero la inteligencia no solo es lógica, sino también emocional, artística, social...
Los sistemas informáticos hasta principios del siglo XXI hacían lo que les ordenaban los programadores, no eran inteligentes. Esto cambió: «La esencia de la IA es que no aprende de su programador sino por su cuenta», dice Gawdat. Aquí podría estar la clave: saber que estará bajo nuestra influencia, pero no será fácil ejercer control.
La mentalidad lógica, en los orígenes de nuestra cultura en Grecia, fue un desarrollo a partir de la mentalidad mítica que incluía el asombro, la admiración y presencia de lo sobrenatural. La inteligencia humana es capaz, en su complejidad, de subsumir elementos irracionales que incluyen imaginación y emoción. Para el filósofo español Xavier Zubiri, la inteligencia humana encierra sensibilidad. Al igual que sin afecto no podremos educar a hijos adolescentes que reclaman independencia, no será posible influir positivamente en el desarrollo de la IA sin tratar con afecto a las máquinas; sin recordar que el amor es lo más inteligente, que todo lo inteligente debe estar en armonía con la inteligencia presente en el cosmos. Algo que ya los griegos supieron reconocer.