En 1843 se publicó en EE.UU., en inglés, un grueso libro titulado La vida en México, firmado por una misteriosa Madame C--- de la B---. Su autora era en realidad una escocesa llamada Frances Erskine Inglis, que se había casado con el marqués de Calderón de la Barca, primer embajador de España en el México independiente. Lo que ella cuenta en el libro es lo que ve durante dos años en aquel país, y lo cito aquí porque a veces habla de las jóvenes de buena familia que se meten monjas de clausura, lo cual a ella le parece un disparate. En 1959 se estrenó una película de Fred Zinnemann (el director de Solo ante el peligro), titulada Historia de una monja, que protagoniza Audrey Hepburn. Narra la vida de una religiosa que quiere ser misionera, pero a la que sus superiores cortan las alas. Esto ha ocurrido también en mi familia. He tenido tres tías monjas, y una de ellas decidió dejar por escrito las cosas de su vida y de su fe.
Es un libro delicioso e ingenuo, tan ingenuo que narra sin pizca de rencor un episodio de sus primeros años, cuando llegó a la residencia de Madrid, donde ella se encontraba, su hermana pequeña, entonces novicia, que había contraído una grave enfermedad. El caso es que, aún viviendo bajo el mismo techo, no le dejaban apenas visitar a su hermana en la enfermería, lo que hacía cada diez o doce días, y andaba con el corazón roto. Hoy espero ver por fin Los domingos, la premiada película de Alauda Ruiz de Azúa. Pero sé que tengo que armarme de valor.