A vueltas con Lorca

Sandra Faginas Souto
SANDRA FAGINAS MIRA Y VERÁS

OPINIÓN

Fotograma del documental «Lorca, las horas perdidas» de RTVE
Fotograma del documental «Lorca, las horas perdidas» de RTVE

El gran acierto de Lorca, las horas perdidas, el documental que acaba de emitir TVE sobre el poeta, es que consigue que dejemos de mirar al mito y veamos al hombre que camina hacia la muerte. Que observemos a ese Federico que se refugia en la huerta de San Vicente, que luego decide huir a casa de Luis Rosales, y que, en el temblor de la tragedia, espera detenido antes de que lo conduzcan hacia Víznar enfrentando un destino escrito de su puño y letra. A Lorca lo sentimos, lo escuchamos sufriendo esos segundos antes de ser sorprendido al ver la cara de su asesino. Pero es inevitable sumarse a las voces críticas, como la de Víctor Fernández, que participa en la cinta, que ha denunciado el sinsentido de despolitizar al poeta y poner el foco en las rencillas entre vecinos como uno de los factores determinantes de su asesinato. A Lorca lo fusilaron en plena represión, después del golpe militar del 36, en una Granada que sufrió terriblemente. A Lorca lo mataron por homosexual, por ser un intelectual que defendía la libertad y porque había dejado escrito que en España no se podía ser neutral ante el hostigamiento y el horror que sufría España. Conviene no olvidarlo y conviene, sobre todo, ver el documental para entender eso que Hannah Arendt denominó la banalidad del mal. A Lorca lo mataron las autoridades franquistas y aquellos que fueron obedeciendo hasta apretar el gatillo.