La sencillez y el carácter trabajador de Manuel Gómez Franqueira salen a relucir en todos aquellos actos que le tienen como protagonista. Como ayer en la universidad.
17 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.De que es un hombre sencillo no se dieron cuenta los estudiantes por las intervenciones previas de aquellos que actuaron como anfitriones en la Facultad de Empresas. Les ayudó más, seguramente, verlo en persona: traje de rayas, camisa de listas, corbata azul, botines y un pin de Coren en la solapa. Les ayudó mucho también la soltura con la que el director general de Coren desarrolló la charla; la forma con la que llenó la larga mesa del aula -casi agazapado en una esquina- cuando la abandonaron las autoridades; las peleas con el ordenador que empleó en la exposición y las miradas cómplices a sus colaboradores. Y es que Manuel Gómez Franqueira demostró ayer que es mucho más que un currículum. Demostró que sabe, mucho, y que lo transmite con claridad. En realidad, qué mejor lugar que un aula universitaria para descubrir -escondidas entre los cuarenta años de vida de Coren- aptitudes pedagógicas y didácticas muy valiosas para aquellos que, en poco tiempo, empezarán a tomar el relevo. Manuel Gómez Franqueira podría hablar durante horas de los orígenes de Cooperativas Ourensanas. Pero podría disertar, durante mucho más tiempo, de las apuestas de futuro que el grupo ya ha empezado a hacer realidad. Este ingeniero industrial, que en 1984 asumió la gerencia de una organización que tiene más de dos mil trabajadores y una dimensión social que alcanza a 5.500 familias, tiene dotes de maestro -que no de profesor- y un ramalazo paternal de lo más goloso: porque desliza los consejos, en este caso a los empresarios del mañana, en una charla tranquila, sencilla, no excesivamente pesada e ilustrativa, muy ilustrativa. Una oportunidad para conocer una historia que, sin duda, lleva sello ourensano.