Enfoca agosto la recta final y termina con la loable tarea de regar de millones las marchitas arcas de la marchita provincia del interior. El agosto del 2010 quedará en la memoria colectiva como 31 días mágicos en los que, semana sí y semana también, el azar se cebó, para bien, en la provincia dejando un reguero de dinero próximo a los 24 millones de euros. Dicho en el román paladino de los tiempos de la moneda propia, son alrededor de cuatro mil millones de pesetas los que aparecieron de la nada en Ourense. Como la felicidad nunca es completa y siempre hay una nube que ciega el rayo más luminoso, resulta que la mayor parte de la fortuna que cayó en tierras del Ribeiro, Valdeorras y Monterrei fueron a llenar arcas ajenas. ¡Lo que faltaba! No sólo emigran los jóvenes que no encuentran trabajo en una provincia en la que los dirigentes se especializan en ganar elecciones en lugar de en generar riqueza, sino que ahora también emigran los millones que la diosa Fortuna desparrama en tierras ourensanas. Ojalá esta percepción no sea la correcta y cualquier día aparezca el dueño de los 14 millones de euros de Ribadavia o el de los siete de Verín y se note en el bienestar de las villas. Los primeros indicios apuntan a que ambas nuevas fortunas están en manos de personas de paso por Ourense. Y ésta tampoco es una novedad. También están de paso los turistas que visitan la provincia. Le dedican uno o dos días a intentar conocerla y emigran a otros lares gallegos. Lo de Ourense siempre es la emigración. Emigraron los ourensanos a América en un siglo, a Europa en el siguiente y ahora, en el XXI, aparte de los jóvenes en edad de trabajar, también emigran los millones de los juegos de azar. Nos queda la resignación de negar la existencia del azar («el azar no existe; Dios no juega a los dados», que razonaba Einstein) o bien pensar, con el Nobel Charles Nicolle, que «el azar solo favorece a quien sabe cortejarlo». Y aquí se cortejan los votos y los favores. El azar se deja para seducciones ajenas.