Una vida en la hostelería

Cándida Andaluz Corujo
Cándida Andaluz OURENSE/LA VOZ.

OURENSE

Dolores, Rebeca y Daniel son la cabeza visible de O Pendello, algo más que una taberna ubicada en la capitalina avenida de Portugal

14 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El ambiente es familiar. En O Pendello el trato es directo y en eso mucho tienen que ver las personas que desde hace cuatro años se hicieron cargo de la taberna. María Dolores Rodríguez -nacida en A Bola-es una de esas muchas mujeres ourensanas que vivieron parte de su juventud en Alemania y Suiza. A esos dos países María Dolores partió para ganarse la vida, casi siempre dentro del mundo de la hostelería, aunque también en otros sectores. Volvió a Ourense en 1966, aunque de forma definitiva lo hizo en 1974. «Quería que mi hija naciera aquí y me vine, ya estaba cansada de estar fuera», relata Dolores.

La taberna O Pendello ya existe desde hace muchos años en la avenida de Portugal, pero fue hace cuatro años cuando Dolores, convencida por sus hijos, decidió tomar las riendas del negocio junto a ellos. «Ellos decidieron hacerse cargo del bar y me convencieron», dice.? O Pendello es un bar y restaurante de menú del día, concretamente cuatro posibilidades para elegir. Pero también es un lugar de encuentro. «Muchos vienen para ver los partidos de fútbol».

Muchas horas de trabajo

La contrucción fue hasta llegada la crisis la principal fuente de ingresos. Dolores comenta cómo había días en los que servían más de cincuenta comidas. Ahora no corren tiempos buenos. «Cuando empezamos no dábamos hecho. En Ourense había mucha gente desplazada que trabajaba en la construcción y que comía fuera y ahora todo está parado. La crisis del 93 no fue tan drástica, nosotros ni la notamos», subraya Dolores. Hace cuatro años Rebeca y Daniel convencieron a su madre. Rebeca, la hija mayor, ha estudiado magisterio pero desde el principio quiso seguir los pasos de su madre, al igual que Daniel. Dolores no estaba muy convencida. Ella sabe lo que son horas detrás de una barra.

«No me gusta mucho que mis hijos se dediquen a la hostelería. En un día normal se trabajan más de 12 horas y eso no les va a permitir vivir», dice la madre. Pero tanto Rebeca como Daniel ya están acostumbrados. Saben lo sufrido de un trabajo de cara al público, sin horarios más que los que marcan los clientes.

Dolores está en la cocina. Asegura que los platos que prepara salen de su propia imaginación, de ir probando y probando. Aunque la experiencia es un grado. «No sigo ningún libro, ni ninguna receta, voy probando», explica. En O Pendello destaca el cordero y el bacalao. «Viene mucha gente de toda las partes de la capital a llevarse comida». Rebeca y Daniel sirven las mesas y la barra. Con total desparpajo conocen a todos los clientes -salvo excepciones- y el trato cercano es una de las cualidades del establecimiento. No seguirán ninguno de los dos las labores de cocina y Dolores asegura que de momento aguantará, aunque si por ella fuera ya habría abandonado un negocio que necesita de mucho esfuerzo.