El mejor anuncio del año, ese en el que Gadis intenta, utilizando el ímpetu infantil, insuflar ánimos a una sociedad alicaída, recibirá premios en los certámenes publicitarios como recibe piropos de los gallegos a los que les agrada que les den optimismo en tiempos de turbulencias. El ¡Sairemos como galegos! recibirá galardones y piropos pero no recibe el respaldo de quienes tendrían que asumirlo como lema y pauta de comportamiento, los políticos y sus partidos. Lejos de decir, como los niños de Gadis, «axudemos como galegos? hai que botar unha man? poñamos o noso grao de área?», se enzarzan, aquí y acullá, en descalificaciones y diatribas tendentes no a solucionar los problemas sino a incrementarlos. Y no me refiero al léxico, tono y contenido del debate de investidura del presidente de la Xunta. No hay que ir a Santiago para encontrarse con estas actuaciones. En la Diputación se vivió el pasado viernes uno de esos comportamientos. A los diputados del PSOE les entró un berrinche de niños malcriados (¡que no son los de Gadis!) y abandonaron el pleno porque el PP enmendó sus mociones relativas a desahucios, contaminación y oficinas bancarias rurales. Por un prurito político, dieron la espantada (habrá que ver si también se la dan a las dietas) en lugar de trabajar en aras de una postura común. Este, el del enfrentamiento, es el escenario en el que se afronta la peor crisis de las últimas décadas. No se escuchan frases como las de los niños del anuncio: «Temos que poñernos as pilas para dicirlle á crise vaite e non volvas!». Escuchamos pugnas partidistas que en lugar de buscar las similitudes que unen, agrandan las diferencias que separan.
La frase Toda una lección la de Salustiano Mato, rector de la Universidad de Vigo: «Os responsables de institucións non podemos ser insubmisos e non cumprir as leis». Podrán gustar o no pero hay que acatarlas. Es la base de la democracia. Cuando por pura demagogia (como es el caso de las instituciones, entre ellas el Concello de Ourense, a la hora de compensar la paga extra a los funcionarios) se incumplen se está restando credibilidad a la democracia. Como bien dice el rector, «a ola de insubmisión está moi ben a nivel social pero os que somos responsables de institucións non podemos ser insubmisos». Y punto, que diría Fraga.
El dato Seis trabajadores al día se vieron afectados por un ERE en Ourense. En el 2011 se habían tramitado 48 expedientes y en 10 meses del 2012 ya alcanzan los 105, con 1.816 personas afectadas. Por si el dato no fuese alarmante, ahí queda la frase de Baltar: «Non podo garantir que non haxa ERE na Diputación». Supongo que, lejos de alarmarse, habrá que congratularse pues la Diputación no puede ser un ente escaso de recursos porque se los come una plantilla sobredimensionada no por razones técnicas sino por compromisos electorales o compadreos personales.