De la entropía al caos

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MIGUEL VILLAR

«In Memoriam». El universo plástico de Felipe Criado puede contemplarse en el Museo Municipal

18 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita», Proust. El Museo municipal rinde homenaje a la obra del artista Felipe Criado, humanista referente de la pintura gallega del siglo XX

Comisionada por Antón Castro, la muestra da visibilidad, en la magnitud emotiva de las obras, a los temas recurrentes del discurso plástico del autor como la belleza encarnada en el ser femenino, la memoria como testigo del pasado, el compromiso político y el paisaje doliente. La obra del paradigmático artista parte del clasicismo figurativo para llegar a la Abstracción. Figuras inscritas en elipses se recortan sobre un fondo construido por manchas empastadas que establecen la distancia perspectiva en base a campos de color. El empaste se hace forma y sitúa a la figura en un espacio infinito y preciso a la vez.

Su figuración remite al bajorrelieve clásico, en clave de elípticas utopías. De lo humano y profano a la cosmogonía. El universo del artista a través de la materia y de la geometría más allá de la anécdota en el eje narrativo de la historia. La dualidad humana reflejada en el ser trascendente y en la materia, masa, carnación, volumen, instante, mediante la fisicidad de los cuerpos totémicos que remiten a esculturas orgánicas de Moore.

El eterno femenino bajo la precisa línea de dibujo y sus cóncavas y convexas formas en representaciones que advocan a la mujer-venus propiciatoria de la fertilidad de culturas panteístas y pretéritas y a la mujer contenido y forma que extiende más allá el concepto que a una cuestión de género. Mujer Naturaleza. Mujer paisaje. Ejecutora más que musa. Autónoma, dueña. Mujer reacción. Mujer laberinto, alterando el discurso histórico androcéntrico y paternalista para subrayar el universo femenino en su extensión. Las mujeres de Criado se expanden por toda la superficie del cuadro en su voluptuosidad, vitalismo y movimiento. Presenta una imagen proteica, nutrida de un poscubismo que las ensalza en la geometría suave de sus cuerpos construidos en torno al concepto del Naturalismo de Cézanne, sin idealizaciones ni artificio a través de formas y planos de color y de la volumetría escultórica heredada de Asorey.

Un resultado sincrético entre naturaleza y composición clásica con un concepto innovador. Una composición de carácter monumental y constitutivo de estructuras, de los espacios fragmentados, esquematizados en una esencia geométrica y una profunda exploración de la visión binocular, resultado de percepciones visuales simultáneas, alteradas o diferentes, facetadas, a modo de perfiles que integran mundo objetivo y forma subjetiva, trascendido el espacio para la creación. Intuición e imaginación en formas ingrávidas y escuetas.

Los usos que el artista realiza en el campo de color sugieren desde el fresco pompeyano a Matisse, en esto radica su modernidad, en la capacidad de manejar memoria, tradición y vanguardia en el mismo espacio plástico.

Presenta un mundo cargado de erótica sensualidad, intensamente poético e íntimo, irónico, tierno y colmado de la valentía de lo humano.

De la euforia a la desolación. Una soledad infinita, intangible y sorda, que esfuma sus gritos sobre un paisaje que se desgarra. El misterio encriptado de las sombras sin bordes, de los personajes ensimismados, aislados, expectantes. El ritmo de las líneas de sus cuerpos de gran fisicidad, ágiles, rotundos, reforzados por la efectividad de la mancha cromática sobre las que destacan, elásticos y tensos, en sus carnaciones y la potencia expresiva de sus escorzos sobre un fondo de centelleantes miodesopsias flotantes. La inteligencia emotiva del artista se expresa a través de su gramática plástica mediante la que construye su discurso visual y cromático, alterando el espacio sin profundidad ni perspectiva en las composiciones abiertas.

Cabe destacar la serie de dibujos Santander, 2 p.m. del día 27 de diciembre de 1936 visiones de angustia. Pintura de guerra, símbolo del terrible fracaso del hombre como ser humano, en la desolación, crueldad y sinrazón, en el terrible drama humano de la atrocidad, brutalidad e ignorancia que la guerra inflige a los seres humanos.

Alegoría del horror en una figura aterrada inspirada en El tres de mayo, de Francisco de Goya y en el hombre implorando del Guernica, de Pablo Picasso. Criado reflexiona sobre la dualidad humana, del amor y el orden a la muerte y el caos, el poso de la memoria, el humanismo y la angustia existencial, la apremiante necesidad de poner un poco de magia e imaginación a un mundo tan estercolado.

crítica de arte