Sucede estos días en los Alpes. La llegada de una gran nevada deja atrapados a decenas de miles de turistas en los centros de esquí. En la zona fronteriza suizo-italiana las carreteras están intransitables y ante unas paredes de nieve de varios metros de altura, solo se abren carriles de emergencia para vehículos autorizados.
En los Alpes franceses los helicópteros trasladan a los turistas a zonas más seguras. En la vertiente suiza, los trenes no pueden circular hasta las zonas afectadas por las vías congeladas y por el riesgo de aludes.
Y como no pueden evacuar masivamente a todo turista, las autoridades suizas ordenan que los visitantes permanezcan en sus establecimientos hoteleros hasta que reciban la información para salir. Y subrayo ordenan, nada de sugerir, recomendar o informar. Porque ante las primeras reacciones de algunos turistas de seguir con la juerga nocturna, los helvéticos decretaron el toque de queda a partir de las 10 de la noche. Significa que a esa hora bares, cafeterías y restaurantes cierran a cal y canto y cada turista a su habitación.
Primero informan los propietarios, gerentes y personal de esos locales a la gente, y al que se pase la raya, le toca conocer en profundidad a la gendarmería helvética. La razón es que no quieren que nadie, ante las bajas temperaturas, riesgo de aludes y heladas, haga el indio fuera de su habitáculo.
¿Se imaginan que pasaría aquí si el gobierno decretase en los Pirineos ante una situación similar un toque de queda? Y ya no pensemos si se tratase del Pirineo catalán….