Lecciones

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE

La praza Maior de Ourense prácticamente vacía
La praza Maior de Ourense prácticamente vacía Santi M. Amil

Me resultaría frívolo escribir de otra cosa que no fuera el coronavirus. Así que voy a centrarme en las lecciones que me está dando. Porque la globalidad de este virus ha hecho que afecte a todas las facetas de nuestra vida, de nuestro trabajo, de nuestra economía, de nuestra cultura y nuestra forma de ser.

Primera lección. Hay mucho imbécil. A punta pala.

Me refiero a los que saben más que los científicos, que los médicos y que las autoridades, como si tuvieran varios premios Nobel.

Me refiero a los que han comprado tanto papel higiénico como para agotarlo, quizá sin saber que en el hipotético caso de que se le acabase y no hubiese más en el mundo entero tendrían la opción -oh, cielos- de lavarse el culo.

Me refiero a los que el viernes por la noche, población de riesgo incluida, estaban en bares y cafeterías, porque les resultaba fundamental para la vida tomarse una caña o un café. Incluyo aquí a los adolescentes en grupo, bien juntitos, intercambiando babas al hablar y riéndose del coronavirus y, por supuesto, también a sus padres, que no los cogieron de la oreja (pasapacasa) en cuanto sugirieron irse a tomar un refresco.

Ups. Se me está acabando la columna con la primera lección. Así que resumo las siguientes: me gusta la sanidad que tenemos; me gusta darme cuenta de que los niños son más listos y sensatos que nosotros en muchas ocasiones; me gustan (ahora que están restringidos) los besos, abrazos y achuchones; me gusta ser periodista (aunque me enerve que cualquiera nos critique sin ni siquiera leernos) y me encanta que ni una alarma mundial sea capaz de quitarnos el humor.