
El parque municipal volvió a llenarse hasta la bandera de devotos de esta cita gastronómica
10 ago 2025 . Actualizado a las 22:17 h.Imposible calibrar si la edición número 63 de la Festa do Pulpo de O Carballiño tuvo más o menos público que las anteriores. Lo que sí está claro es que nada puede con los devotos de este manjar de la gastronomía gallega. Fueron miles los dispuestos a desafiar la alerta roja y acercarse al parque municipal para disfrutar del cefalópodo preparado como solo aquí saben hacerlo. «Debe ser a auga, pero sabe mellor. E eu que fun feirante e cateino en moitos sitios, sei do que falo», aseguraba Manuel, un octogenario de Lugo que fue tratante de ganado y que es la tercera vez que se acerca a la villa del Arenteiro con dos de sus hijos y un nieto.
Ellos madrugaron, al igual que otros muchos veteranos de la cita que saben de las dificultades para encontrar aparcamiento, no solo en el entorno del parque sino en todo el casco urbano. «Aquí o llegas temprano o toca andar un buen cacho. Y lo peor no es bajar, es volver a subir», apunta entre risas Albertina, que ya no recuerda cuándo fue la primera vez que se dio el atracón de kilómetros desde A Coruña. «Nos llevó más de cuatro horas», comenta su hija. Ahora lo hacen en bastante menos tiempo pero dicen que, aunque les llevase lo mismo, merecería la pena.
«Nosotros tomamos una tapita, hacemos la compra y nos vamos», matizaba Eva que, junto a tres amigas ourensanas iba ya de regreso al coche a la una de la tarde con varias bolsas llenas con pan, miel, rosquillas y hasta peladillos. «Este sitio es una gozada, aquí se está muy bien incluso cuando aprieta el calor, por eso venimos», explicaba.
Es la misma opinión repetida por muchos de los visitantes cuando preguntamos si no se lo pensaron más que otros años precisamente por la alerta de calor. «É dos mellores sitios no que se pode estar cunha vaga de calor. Con sombra, polbo e boa compañía, que máis podes pedir?» se preguntaba Javier, líder de otra pandilla de veteranos de la fiesta llegados desde Pontevedra. Alguno de los quince integrantes de su comitiva estaban ya disfrutando a mediodía del baile al ritmo de las charangas y los grupos que participaron en el festival folklórico incluido en la programación. Los más madrugadores quizá fueron los tres primos portugueses que se estrenaban en la cita —«salimos ás catro de Braga», contaron— y que llegaron nada más abrir el recinto ferial.

También estaban desde primera hora al pie del cañón los integrantes del amplio dispositivo que vela por la seguridad de los participantes. Entre ellos, más atentos que nunca, si cabe, los 36 encargados del auxilio sanitario pertrechados con agua, bolsas de frío y hielo en abundancia. «Tuvimos ya varias lipotimias y la picadura de una avispa», contaba Ramón Bayón, responsable de Cruz Roja, poco antes de las dos de la tarde.
Y entre los más contentos estaban quienes consiguieron una de las 700 entradas para el recinto de la comida oficial, que este año cambió su ubicación a una zona más llana y más cercana al río.