Tres jóvenes revolucionan Allariz con un nuevo centro de entrenamiento funcional
ALLARIZ
Raquel, Marta y Álvaro implicaron a todo el pueblo con la apertura de As Bestas: «Queremos ayudar a tener hábitos saludables en un círculo social afectivo»
30 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Para vivir en un pueblo tiene que haber servicios. Y si no los tiene, hay que crearlos. Así que Raquel y Marta Romero y Álvaro Palomares abrieron en Allariz el centro de entrenamiento funcional que no existía. Con 26, 31 y 28 años respectivamente estos jóvenes crearon As Bestas Rural Box estrenándose como emprendedores y también como entrenadores. «Nos metimos a determinación, nos formamos y nos lanzamos», cuentan. Está siendo todo un éxito por armar casi una revolución en la villa: «La parte social es esencial y conectamos mucho con el pueblo».
Alaricanos o vecinos de los concellos limítrofes que nunca habían hecho ejercicio entrenan ahora en As Bestas. Y los que ya lo hacían por fin tienen un centro al que acudir. La idea partió de Raquel, la hermana pequeña. Se lo propuso a Álvaro y la primera respuesta fue un «no». «Me parecía una locura», confiesa. Pero la fueron desarrollando, sumando a Marta, y se hizo realidad. Los tres eran deportistas de antes, aunque a diferentes niveles. Álvaro es atleta, Raquel practicó gimnasia rítmica y halterofilia y Marta jugó al baloncesto y lleva años metida en el mundo del fitness. Aún así, antes de poner en marcha el centro realizaron varias formaciones. Y siguen aprendiendo. Imparten entrenamiento funcional. «Confiamos en que es el mejor método, pero no nos casamos con nada, si descubrimos otro mejor, lo introduciremos», explica Álvaro. Más allá de la técnica, su filosofía es ayudar a la gente a tener hábitos de vida saludables en el día a día. «Queremos que conozcan su cuerpo y que lo cuiden en un círculo social afectivo en el que participen», argumenta Marta. Defienden el entrenamiento funcional como un «modo de vida» en el que relacionarse con la comunidad desde la salud. Comparten clase chavales de 16 años con personas de 60. «Hay gente que nunca se hablaría en la vida que aquí están mano a mano haciendo los mismos ejercicios», cuentan. Al tener esa importante carga social, los tres jóvenes quisieron implicar al pueblo desde el primer momento, gestionando toda una campaña para darse a conocer que tuvo un gran éxito. «Cuanto más cerca estamos de la gente, más fácil les va a resultar venir y volver», apunta Marta.
Al mismo tiempo que el pueblo ganó un nuevo servicio que faltaba, ellos tres —que residen allí— construyeron su modo de vida para poder quedarse. En el caso de Marta tras irse a estudiar a Barcelona. «En un sitio como Allariz tienes todo: seguridad, ambiente y calidez humana», defienden. El camino no fue fácil. Confiesan que el emprendimiento joven es «muy complicado», incluso teniendo las cosas medidas al dedillo. «La frustración del principio mientras desarrollas la marca es difícil de aguantar, es una carrera de fondo», explican. Sobre todo teniendo en cuenta que eran ajenos a toda la burocracia y las gestiones económicas que se les venían encima. Aun así, dieron en el botón acertado. Ahora Allariz está lleno de «bestas».