«Para emprender, la diferencia entre dos buenas ideas es la actitud y una pizca de suerte»
VILAMARÍN

La Escola Profesional Santo Cristo de Ourense reunió a varios empresarios para que contaran al alumnado sus experiencias
22 feb 2025 . Actualizado a las 20:18 h.Los estudiantes de la Escola Profesional Santo Cristo de Ourense recibieron consejos para lanzar sus negocios de primera mano de varios empresarios de la provincia. El centro educativo celebró la séptima Semana do Emprendemento con un acto en el Centro Cultural Marcos Valcárcel. Además de representantes públicos, participaron dos negocios ourensanos: Maderas Rubén y Gómez y Crespo. Dos compañías punteras en su sector. Detrás de sus gerentes hay dos historias de descubrimiento algo tardío, de tomar riesgos y de mucha actitud.
«Ilusión, actitud y también obsesión». Así es como Pablo Prada, el gerente de Maderas Rubén, resume el emprendimiento. La empresa se dedica a realizar innovadoras y creativas estructuras de madera. Empezó en 1995 como un aserradero y rápidamente empezó a crecer en plantilla e incluso recibir galardones por sus productos. Afrontó la crisis del 2008 reinventándose y a día de hoy se posiciona gracias a aprovechar los avances tecnológicos, tal y como resumió Prada.
Él llegó a la compañía ubicada en Vilamarín tras numerosas experiencias que no le brindaban una estabilidad laboral. Contó a los estudiantes que primero estudió Economía en Santiago y después Magisterio en Ourense. No satisfecho del todo ni con una ni con otra, siguió la idea de un amigo que se iba a trabajar a Inglaterra.
Allí se empleó limpiando baños. «Mis padres solo querían una persona honrada y trabajadora», recordó. En su etapa en el país inglés incluso le alegró que lo felicitaran por su trabajo: «Me dijeron que nadie limpiaba los baños como yo, ¡fue todo un piropo!». En esa emigración, Pablo Prada no dejaba de pensar en regresar a su ciudad natal con su pareja y su familia. Ahí es donde entra otro de los elementos que considera fundamentales para emprender: «La diferencia entre dos buenas ideas es la actitud y también una pizca de suerte».
En una boda en el año 2001, Rubén, de Maderas Rubén, le propuso trabajar con él como comercial. El gerente aceptó como quien empieza en cualquier otro puesto y ahí es donde entra la diferencia de saber ver las oportunidades y aprovecharlas. «Las ideas solo no hacen nada, hay que tener mucha actitud», defendió. Se implicó en la firma, en innovar y en mejorarla. «Cuando estudié Economía lo hice porque quería ganar dinero, pero no se busca, se amasa y va apareciendo», argumentó. Él lo consiguió, siendo partícipe de transformar lo que comenzó siendo un aserradero en una empresa puntera.

La siguiente intervención fue la de Abel Pascual, el gerente de Gómez y Crespo, una empresa con base en Quintela que comercializa jaulas y material ganadero. Él mismo confesó: «Soy un emprendedor frustrado». El zamorano fue contratado por la firma ourensana para asumir la gestión cuando ya tenía varias décadas de funcionamiento a la espalda. «Los emprendedores no son solo los grandes gurús, el 90 % somos personas que unas veces lo hacemos para nosotros mismos y otras veces para otras corporaciones», argumentó.
Quiso explicar las diferencias en cada década de una persona. Empezó con la veintena, donde pronto entrarán o ya están los alumnos de Santo Cristo. Es el momento de «permitirse fallar» y experimentar. En su caso, empezó a trabajar en una pequeña empresa de Madrid hasta dar el salto a Barcelona. Allí descubrió la figura de los mentores y gracias a su ayuda se dio cuenta de que le llena la gestión de empresas y de las personas que las conforman. Estudió un MBA para especializarse y, tras unos «meses sabáticos» en una escuela de negocios en Taiwán, empezó a trabajar en una multinacional en Barcelona.
Que su camino llegase hasta Ourense, de donde es su pareja, implicó arriesgarse. «Decidimos tomar el riesgo de dejar una multinacional para empezar como gerente en una pequeña empresa», recuerda. Después, esa experiencia lo llevó hasta Gómez y Crespo cuando la firma familiar con décadas de historia despedía a sus fundadores porque se retiraban. Asumió la responsabilidad de aportar valor añadido a una compañía ya posicionada, un rol que asume en la década de sus 40 años donde ya tiene bagaje. «A medida que vas creciendo, aunque los nuevos tengan más empuje que tú, tienes la sabiduría y la experiencia», explicó a los jóvenes. En resumen, Pascual defendió que para ser un emprendedor o asumir la gestión de un emprendimiento ajeno hay que aprovechar las cualidades de cada etapa profesional y así transformar el negocio.