El letrado lamenta el rechazo hacia los realojos de los afectados por los derribos, una actitud que califica de racista
16 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El reciente auto judicial que ha decretado el inmediato derribo de las siete chabolas de O Vao ha sembrado de «tristeza» a los afectados, tal y como reconocía ayer su abogado. Fernando Romay precisó que este estado de ánimo es consecuencia más «por el rechazo que han sentido» en la comarca, que «por perder sus viviendas».
-¿Cuál es el problema más acuciante para los afectados?
-Es dar respuesta a la pregunta de a dónde van a ir. ¿Tienen que cambiar de provincia? No se les ha dado la oportunidad a que lleguen a un sitio y se integren.
-¿Cómo calificaría el rechazo contra los realojos?
-Creo que, en el fondo, es racismo. En veintiséis años que llevo en contacto con esta gente nunca me he encontrado con un delito de sangre. En O Vao no hay asesinos. Si nos hubieran dado un par de meses hubiésemos dado una lección de como se hacen las cosas en Pontevedra y Poio. Sin pedradas, sin el cirio de la Cañada Real. Si tan malos son los gitanos de O Vao, cómo es que no hacen nada. La situación es contradictoria. Los están acusando de que no llevan una vida socialmente adecuada cuando su comportamiento ha sido ejemplar. No ha habido pedradas, ni han ido a pegarle al alcalde ni a nadie.
-Sin embargo, hay quien se dedica al tráfico de drogas...
-Sí, pero también tengo que decir que O Vao del 2007 no es el de principios de los noventa, cuando se vendían unas cantidades considerables de droga. Hoy no hay ese comercio. Eso ha desaparecido. Lo que sí hay son unos drogadictos que se autofinancian porque no tienen otra manera. Las cifras de los años ochenta y noventa pasaron a la historia.
-No obstante, el trasiego de drogodependientes sigue siendo constante.
-Sí, sigue siendo constante. Pero pido que la gente mire qué drogodependientes van ahora a O Vao y los que iban antes. Son individuos de dosis de seis a diez euros. No son señores que lleguen con doscientos o trescientos euros. Son tres chabolas las que venden y no hay más. Los adictos que van al poblado son estandartes vivientes de lo que eran. Con verles la cara, uno se da cuenta de que son enfermos terminales.
-Volviendo a los realojos. ¿Hay alguna solución?
-Tengo entendido que Santiago se ha sensibilizado con el problema. No se trata de que el Ayuntamiento no quiera derribar, porque se ha visto que quieren acatar la ley, sino que hay que buscarles una reubicación. Sí se van a tirar. No va a quedar ninguna en pie. Pero, ¿dónde metemos a estas personas? Son cincuenta. Hay niños, ancianos, gente de todas las edades. Creo que puede haber una solución siempre que las autoridades quieran, que es alquilar temporalmente, insisto temporalmente, unas casas prefabricadas de tal modo que no se creen vínculos entre la casa y el terreno. Es una solución al filo de la ley pero no es ilegal, ya que el juez lo que quiere es que le derriben unas chabolas. De este modo, cuando la Xunta entregase los pisos a los afectados, estas viviendas prefabricadas desaparecerían.
-Much gente dice que ha habido cierta manga ancha con los derribos, mientras que las demoliciones a payos se ejecutan inmediatamente.
-Más bien no. Las casas de los gitanos son lo único que tienen. No son chaléts, no son urbanizaciones de lujo. Es donde nacieron, donde se criaron y donde viven. Y también serán derribadas. Eso lo digo yo que soy el abogado que ha perdido un pleito que estaba perdido desde el principio. No se podía ganar porque la razón la tenía el Concello.
-¿Estos derribos van a acabar con el poblado?
-No. En O Vao van a quedar cerca de cuarenta chabolas legalizadas, que no se pueden demoler. Creo que debería retomarse el plan de Emiliano Quintillán pero ahora parece que se busca una política de dispersión. O Vao es dificilísimo de vigilar. Por el contrario, si la gente reside en bloques de edificios poniendo unas videocámaras se graba todo lo que allí pueda ocurrir.
-¿Eso no iría en contra de la Ley de Protección de Datos?
-Yo no estoy conforme con que se venda droga. Entiendo que si se les dan viviendas tienen que cambiar necesariamente de vida.
-En todo caso, ¿no se estaría creando un gueto? Un edificio solo ocupado por gitanos, con cámaras enfocándoles las veinticuatro horas del día...
-No. La gente olvida que las nuevas generaciones de O Vao están escolarizadas. Son gente que sabe leer. Además, un apunte: O Vao no ha crecido demográficamente. Ha ido a menos porque las personas se van. Encuentran cobijo en ferias y otros trabajos y se van. Los que quedan son los que no tienen a donde irse. Si llegas a O Vao y ofreces pisos, el poblado se queda más solo que la jaula de la mona de Pontevedra cuando murió.
-Antes comentaba que había una mayor sensibilización por parte de la Xunta, ¿conoce el convenio que se va a firmar?
-El convenio fue aprobado en Pontevedra y ahora falta que hagan lo mismo en Santiago. Si todo sigue como está previsto no sería extraño que antes de Navidades comenzasen los realojos. Al juez le consta que hay voluntad de restablecer la legalidad y acatar la sentencia de los derribos.
-¿Cómo ve la protesta de la Asociación del Pueblo Gitano?
-Pues, dado cómo se están comportando Luciano Sobral y Xulio Barreiro, solo se les puede acusar de haber empezado un poco tarde, pero no se puede decir que actuasen de mala fe. No conozco las razones de Sinaí Giménez, simplemente sé las mías y las mías son que Sobral y Barreiro están dando el callo. Qué vamos cortos de tiempo, qué esto debió empezarse en enero, de acuerdo, pero por aquel mes había otras expectativas que no se cumplieron.