El Madrid se pierde en la bronca

Xurxo Fernández Fernández
x. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

PONTEVEDRA

28 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Puede que los asuntos del juego mueran sobre el césped, pero si no es así, hay motivos para la preocupación. El maratón de clásicos va a dejar muy tocado el vestuario de la selección. Es difícil pensar que tanganas como la del descanso o cruces de gestos como los que mantuvo Arbeloa con varios compañeros habituales de camiseta roja no vayan a dejar un poso. Y eso, sin mencionar lo acontecido sobre el césped.

Porque encima de la hierba del Bernabéu se vieron varias escenas que alimentan la leyenda de tensión de los clásicos y dan argumento a quienes opinan que al Real Madrid le interesaba un choque caliente. Los partidos trabados dinamitan la propuesta de toque del Barça y a ello se entregaron otra vez los futbolistas blancos. En el choque liguero de hace dos semanas fue Pepe el exponente del juego al límite. Pero desde entonces, ha encontrado quien le diera el relevo: Arbeloa se pegó con Villa en la final de Copa y ayer repitió enfrentamientos físicos y verbales con varios rivales.

Para empezar, placó a Pedro en una contra (el colegiado le mostró la amarilla). Tras esa acción, se encaró por turnos con Piqué y Puyol. Y acabada la primera parte, se enzarzó camino al vestuario con Keita. Una discusión cerrada con un manotazo de Pinto que deparó la gran bronca del encuentro. Una trifulca a la que se sumó Chendo agarrando por el cuello al meta suplente del Barcelona, que acabó expulsado.

El descanso no tranquilizó los ánimos y los malos modos marcaron también la segunda parte. El juego subterráneo podía haber propiciado la expulsión de Marcelo, que pisó alevosamente y por dos veces a Pedro, cuando el jugador canario estaba tendido en el suelo. El internacional español tuvo que retirarse con una herida en la pierna.

La posible roja al brasileño habría acabado de diezmar a su equipo, que ya jugaba con diez y que ya sabía que no podrá contar con Ramos en el encuentro del próximo martes en el Camp Nou. El de Camas había interceptado con el brazo a Messi en una de las carreras del argentino. Amarilla clara. Al principio del encuentro, el futbolista ya había sorteado una tarjeta después de interceptar un balón con la mano.

Pepe no tuvo tanta suerte y sí que se despidió del duelo (y de la eliminatoria) antes del minuto 90. Entró con la pierna en alto y la plancha por delante en un balón dividido. Para mayor desgracia del portugués, la víctima de la acción fue Alves (al que apenas llegó a rozar y que regresó sin un rasguño de la banda tras la expulsión). El lateral firmó una más de sus grandes interpretaciones y se retorció de dolor en el suelo.

Quizá en otro partido, el árbitro habría saldado el asunto con una amarilla evidente por juego peligrosa. Pero ayer había sobredosis de tensión en el Bernabéu y Stark optó por la roja. Una decisión que provocó la inmediata reacción de Mourinho. Dialogante primero con Puyol y exaltado después con el cuarto árbitro, hasta el punto de que también tuvo que acabar de ver el choque desde la grada.

Allí pudo afilar su coartada para la derrota del Madrid, inoperante antes y después de la expulsión. Y pensar de paso en cómo la subida de tensión se le había escapado de las manos.