El litoral pontevedrés acumula el mayor número de banderas azules de España, y el sol y las altas temperaturas lo convierten en verano puro
18 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Temperaturas que rozan los treinta grados, sol, terrazas, paseos a última hora de la tarde en manga (y pantalón) corto, multitudes disfrutando de las calles -desiertas hasta que cae el sol-, y playas, muchas playas, de todo tipo y condición. Ahora sí... esto sí es Galifornia. Las costas gallegas nada tienen que envidiar ni al oeste americano ni a ningún otro, y refuerza, más que nunca, las razones que la han convertido en el destino preferido de cientos de miles de turistas cada año.
Ni siquiera seis meses seguidos de temporales han podido con las playas de la ría de Pontevedra. Los múltiples destrozos que arrasaron pasarelas, accesos e incluso muros de contención de los arenales más mimados del litoral central de la provincia amenazaban con mermar los servicios que ofrecían a los bañistas y, por ende, su categoría de excelencia. Pero no lo han conseguido. Lejos de ello, nuestras costas vuelven a ser las que concentran mayor número de banderas azules (28) de toda España (647).
Veintitrés de ellas corresponden a arenales; las otras cinco, a instalaciones como puertos deportivos o centros de interpretación dirigidos al público general. Ni una sola de las playas que el año pasado logró hacerse con uno de los más prestigiosos distintivos europeos ha abandonado la lista. Están todas, y hasta una más: Lapamán, se suma a la colección y eleva a cuatro el número de galardones que lucen en el litoral buenense.
Junto a ella, Portomaior, Area de Bon y Lagos enlazan Marín con el resto de O Morrazo a golpe de aguas cristalinas y servicios que las hacen accesibles a todos los bañistas.
Camino de Pontevedra desde Bueu, un entendido en costas debería parar en Aguete, Mogor o Portocelo, las tres playas que desde hace años sitúan a Marín en el mapa de los mejores arenales de España y de Europa.
Poio fue de las más recientes en incorporarse a esta larga lista de arenales en los que perderse, encontrarse o, simplemente, quedarse, y lo hizo gracias al esfuerzo volcado en Xiorto y Cabeceira.
Guía para turistas
Un aperitivo de lujo para el plato fuerte, la concatenación de playas que desde hace más de una década coloca a las Rías Baixas a la cabeza de un ránking que sirve de guía para cientos de miles de turistas, nacionales y extranjeros.
Ni siquiera Silgar, la niña mimada de Sanxenxo, se libró en alguna ocasión de los estrictos controles de calidad que impone la fundación Adeac. Pero esos tiempos quedaron atrás. Hace varios lustros que los arenales sanxenxinos son los que acaparan el mayor número de distintivos de excelencia.
Acostumbradas a estos reconocimientos están ya Areas, Montalvo, O Espiñeiro (la parte de A Lanzada que corresponde a Sanxenxo), Canelas, Caneliñas, Paxariñas, Bascuas, Major, Foxos, Areas Gordas, A Lapa, Pragueira y Baltar. Son catorce en total, algunas de ellas con varias banderas azules en su historial.
Pero el camino no fue fácil. Todas tuvieron que atravesar un invierno duro, que causó estragos sin ningún tipo de miramiento.
Cicatrices
Algunas de ellas aún conservan algunas cicatrices de las heridas que los temporales, las ciclogénesis y los golpes de mar dejaron en su parte terrestre; otras lucen rejuvenecidas gracias a los arreglos experimentados; y, por último, las menos, están todavía en pleno proceso de curación.
Pero, a pesar de todo, las playas de la ría de Pontevedra vuelven a presumir de ser las más envidiadas, las más admiradas y, sobre todo, las más numerosas en cuanto a excelencia ambiental. Definir sus otras excelencias requeriría de mucho más tiempo y espacio.
Ni los temporales, ciclogénesis y golpes de mar han podido con las playas
Incluso la mimada Silgar sufrió algún año los estrictos criterios de Adeac
Repiten todos los arenales y se suma uno a la lista de Bueu: Lapamán