El monitor que hace bailar a la playa de A Lanzada

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso O GROVE / LA VOZ

PONTEVEDRA

MONICA IRAGO

Sus clases de zumba sobre la arena fueron todo un éxito y lograron congregar a cientos de bañistas

07 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Su mera presencia revoluciona la playa de A Lanzada y hace levantar de su toalla a pequeños y mayores. Hasta trescientas personas -«calculadas a ojo», explica- logró congregar este verano en una de las sesiones que impartió en el popular arenal meco. Sobre las seis de la tarde, cargado con dos pesados altavoces, se plantaba sobre la tarima y, en cuestión de minutos, buena parte de los presentes cambiaban los baños de sol y agua por un poco de deporte, al ritmo del zumba. Es Francisco Mourelos, monitor deportivo, programador informático y hasta hostelero. «Si solo hago una cosa, me aburro», explica este grovense que lleva varios años haciendo mover el esqueleto a vecinos y visitantes.

«Trabajo en muchas cosas», cuenta. En realidad, «estudié educación física y llevo desde los 20 años impartiendo clases. Pero también soy programador informático y trabajé un tiempo de director de hotel en el negocio familiar», cuenta. El deporte ha tenido que quedarse en una afición. «Me encanta, pero no me da para vivir así que es un pasatiempo», argumenta. Actualmente trabaja en una empresa informática, de la que sale a las cinco de la tarde. Una hora después, se le podía ver animando a los bañistas de A Lanzada. «Es un estrés, pero me gusta. Podría ir a correr o dar una clase de una hora y prefiero esto último», reconoce. Cada uno de los altavoces que mueve pesan treinta kilos. «Es una matada, pero es divertido y es solo en verano, así que me pongo moreno», bromea.

Fue hace cuatro años cuando la asociación de hostelería de O Grove confió en él para tratar de animar las tardes de A Lanzada. «A la gente le encanta, tenemos muchos fijos que se ponen siempre en esa zona y que, si un día no voy, preguntan», explica. La iniciativa fue todo un éxito, pero tras la disolución de la agrupación hostelera, quedó en el olvido. «El año pasado no se celebró y este año hablé con el Concello», cuenta. Habían oído hablar de su éxito en la playa y no lo dudaron, le ofrecieron su apoyo. Las clases se retomaron y volvieron a ser un éxito. «En general mueve mucho, yo calculo que en agosto hubo días de 300 personas», asegura. La actividad se programó todos los martes y jueves a las seis de la tarde, «pero si el tiempo no respondía se ponía otro día. Al final, yo aparecía por allí cualquier día con mis altavoces y la gente se animaba», cuenta. La mayoría, por supuesto, mujeres y niños. «Había algún chico pero pocos. A algunos nos les gusta, a otros les da vergüenza», afirma.

Mover a la gente de su toalla no parece tarea sencilla. Pero Francisco lo conseguía casi de forma inmediata. «Pongo música y, a lo mejor al principio no hay nadie. Pero poco a poco va apareciendo mi público fiel y al poco ya hay un montón de gente», sostiene. Y eso que asegura que es una persona tímida. «Al principio hablar por el micro me daba una vergüenza terrible», dice. Pero lo superó. «La experiencia te lo da todo. Ahora hago mucho el ridículo, con coreografías muy teatralizadas». Programa coreografías especiales para la playa. «Juego con muchos tipos de música para que le guste a toda la gente», explica. Y «busco coreografías más asequibles, hay que pensar que la gente está descalza y hay que hacer la actividad de forma lúdica», sostiene. Reconoce que la zumba es una disciplina que triunfa. «Son coreografías que las puede hacer cualquiera, desde una persona que nunca ha hecho nada hasta alguien que practica y los dos consiguen intensidad. Eso hace que funcione y que triunfe», explica.

La actividad de la playa ha llegado a su fin. Pero no la de Francisco Mourelos. «Si hago solo una cosa me aburro», explica. Así que también en invierno seguirá compaginando su trabajo de informático en una empresa con las clases de zumba y pilates que impartirá para los vecinos de San Vicente, en O Grove. Lo hará por gusto, como una afición más. «No quiero que se convierta en un trabajo», recalca. Además, «complementa a mi faceta de informático. Lo que hago aquí es sedentario», asegura. Lo contrario a su faceta de monitor deportivo. «Me gusta aprender. Soy de esa gente rara que ve documentales y que va a la Wikipedia a buscar una palabra que no conoce».

Trabaja de programador informático y

ejerce de monitor como afición

Busca coreografías sencillas. «Hay

que pensar que la gente está descalza», recalca