«Tiñamos todo flotando, as mesas, as sillas...»

Dueños de locales comerciales, usuarios de garajes y vecinos de las calles Fernando Olmedo y Casimiro Gómez relatan la madrugada de pesadilla que vivieron y reclaman una solución para las inundaciones

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«Cando baixei xa me chegaba a auga pola cintura» Las copiosas lluvias de la pasada madrugada dejaron al menos 50 coches dañados que estaban aparcados en garajes que se inundaron

pontevedra / la voz

Es imposible huir de la frase hecha: porque llueve sobre mojado en las calles Fernando Olmedo y Casimiro Gómez, que una vez más y, pese a la obra de reforma urbana que se hizo en esta zona, no resistieron el envite del agua. Muchos vecinos, conscientes de que siguen en peligro cada vez que hay aguacero, en la madrugada del domingo saltaron de la cama y, con lo puesto, se echaron a la calle. Trataron sin éxito de recuperar coches o achicar agua en sus bajos. Pero lo que se encontraron superó sus peores temores. Roberto Ruibal, dueño del restaurante Atlántico & Juber, ofrecía un testimonio que resume bien la perplejidad y el susto colectivo: «Cheguei á beirarrúa ás seis da mañá, estiven tempo e tempo sen lograr entrar no meu local. Había tanta auga que era imposible abrir, que impotencia. E cando por fin abrín... aquí a auga entrou coma un río, foi terrible. Ata rompeu a ventá e entrou tamén por ela, tiñamos todo flotando, as mesas, as sillas...» se lamentaba el hombre.

Desafortunadamente, Roberto no fue el único que ayer se despertó con una sorpresa desagradable. Las historias humanas detrás las inundaciones se iban escuchando a pie de calle. Un joven empleado de una compañía eléctrica se lamentaba de la decisión que tomó el día anterior, antes de partir a dormir a Boiro: «Deixei o coche da empresa cargado con todo o material no garaxe, deixeino por seguridade, para evitar un roubo, e de madrugada xa me chamaron dicíndome que estaba completamente cheo de auga», señalaba mientras, desesperado, iba contactando con sus jefes.

«Isto non é só pola choiva»

A su lado, otro vecino, Ignacio Portas, que pudo rescatar uno de sus coches de ese mismo garaje pero que cuando quiso retirar el otro el agua ya había subido demasiado y fue testigo de cómo el automóvil iba quedando anegado, pedía la palabra:

«Que se saiba que isto non é só pola choiva, que aquí hai un regato desbordado e que o Concello e Augas de Galicia se pasan a pelota un ao outro e ninguén nos busca unha solución. Levamos anos con estes problemas e o de hoxe é un desastre. Son ás once da mañá e aquí non hai ninguén do Concello, ¿onde están metidos os concelleiros?

», se preguntaba. Sus palabras fueron como gasolina y varios residentes más, todos ellos a pie de calle, esperando a que sacasen sus coches de los garajes inundados, reclamaron también soluciones para esta zona.

«Eu hai trece anos que quedei sen un coche da mesma maneira ca hoxe. Tíñao no garaxe e non valeu para nada. Agora teño outro aí dentro... ¿para que cres que valerá?»

, preguntaba un hombre llamado José Arceu, señalando a un garaje donde el agua, a media mañana, daba por la cintura. Nadie se atrevía a responder a su pregunta. Pero todos sabían la respuesta.

Una tromba de agua arrasa bajos y garajes en Pontevedra dejando al menos 50 coches afectados

María Hermida

La zona peor parada fue la de Fernando Olmedo y Casimiro Gómez, aunque también se inundaron las renovadas piscinas de Campolongo, que están cerradas

Domingo de caos en Pontevedra a cuenta de la lluvia registrada esta madrugada y el consiguiente desbordamiento del regato de A Seca. De madrugada, bajo un aguacero tremebundo, el nivel del agua empezó a subir sobremanera tanto en Casimiro Gómez como en Fernando Olmedo, zonas tradicionales de inundaciones. Y poco a poco, a lo largo de esta mañana, se ha ido comprobando que los más de 55 litros de lluvia por metro cuadrado que cayeron en la ciudad del Lérez han provocado un auténtico desastre.

Así, hay al menos 50 coches seriamente dañados por el agua. Algunos estaban aparcados en garajes y otros en la calle. A algunos le llegó el agua prácticamente hasta el techo y muchos dueños de coche todavía no saben que los tienen llenos de agua, ya que los dejaron estacionados en la vía pública y aún no regresaron a recogerlos. Más allá de los vehículos, hay bajos completamente anegados, negocios como el restaurante Atlántico que no pueden abrir las puertas porque el agua les llegó a cubrir las sillas del local y hay también numerosos portales totalmente llenos de lodo. 

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