Desvaríos con la variante

PONTEVEDRA

MARCOS GAGO

El proyecto de Alba sirve de tablero de juego entre Concello de Pontevedra y Xunta de Galicia; BNG-PSOE y PP; con los vecinos de Campañó a la expectativa

22 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

La suerte del proyecto de la variante de Alba se plantea actualmente como un campo de batalla donde se libran diversos conflictos y sub-conflictos. Después de quince años de espera, el nuevo atasco en la ejecución del ambicionado vial que mejore al actual y enlace la carretera N 550 con la autonómica PO-531, ha desatado las hostilidades.

La principal contienda enfrenta al gobierno municipal de Pontevedra con el gobierno de la Xunta de Galicia. Están en juego la credibilidad y la capacidad de cada institución. Pero al hilo de la pugna principal se han originado también otros contenciosos concomitantes.

Por un lado, los vecinos de Campañó aguardan para ver si serán atendidas sus insistentes demandas para que se modifique el trazado por otro recorrido menos lesivo y quieren saber a qué administración deberán reclamar finalmente que escuche esa reivindicación. Por otra parte, el PP local busca mantener un flanco de desgaste contra Miguel Fernández Lores -de paso también contra el socio de gobierno-, sabedor de que este puede ser uno de esos asuntos que quemen al regidor nacionalista -y al PSOE- en la carrera de fondo en la que Rafa Domínguez se aplica con el anhelo de hacerse con la alcaldía de la ciudad en 2023. Mientras que para el BNG -no en cambio para el PSOE- puede que Campañó y Alba sean dos electorados amortizados.

Dinero y voluntad

Teóricamente la variante de Alba estaba en el paquete de proyectos consensuados por Feijoo y Lores para su inminente acometida. Pero en una semana el asunto se ha retorcido.

La Xunta sostiene que hay consignación presupuestaria. Algo más de 8 millones de euros en tres anualidades. Pero para el gabinete autonómico la voluntad política de acometer la obra tropieza con un fuerte rechazo vecinal que, en este caso, alegan como escollo. A lo que el Concello replica que es un pretexto de la Xunta, alimentado por una estrategia que considera obstruccionista a cargo del PP local. Y que hay otro problema: el dinero presupuestado se queda corto por las mejoras a introducir en el proyecto, según las sugerencias municipales que requerirían aumentar la inversión en 2 o 3 millones más.

Pese a las versiones encontradas que surgieron hace diez días ya, no llegó a haber ruptura del diálogo entre Lores y Feijoo quienes en una conversación telefónica acordaron intentar restablecer un acuerdo. Así estaba la cosa hasta que entró en escena, como elefante en cristalería, César Mosquera.

Poli bueno, poli malo

El concejal de Infraestructuras hizo el «trabajo sucio». Se encargó de acusar a la Xunta de querer escamotear una inversión en Pontevedra que no se discutiría en Sanxenxo o Marín, concellos gobernados por el PP, y de condenar el proyecto de la Variante de Alba a un aplazamiento sine die, en un cajón de la consellería de Ethel Vázquez.

Una vez más Lores y Mosquera reencarnan la estrategia de «poli bueno, poli malo» que han usado en diversas situaciones a lo largo de dos décadas. Aunque en esta ocasión la patada a seguir de Mosquera trasladó la impresión de que volvían los tiempos de conflicto entre Xunta y Concello y se aparcaba el clima de consenso que en noviembre celebrábamos con motivo de los acuerdos sobre el transporte urbano y el Gran Montecelo.

Dicen que cuando Lores -que estaba en Torrelavega hablándoles de nuestro modelo de ciudad- se enteró de la leche que Mosquera le mandó a la Xunta, no le hizo mucha gracia. Aunque evitó dar la sensación de cualquier discrepancia con su inseparable lugarteniente. De regreso de tierras cántabras fue cuando el alcalde urdió el órdago que acaba de lanzar a la Xunta de Galicia, sin respuesta, conocida, por el momento.

Cabe dudar que la Consellería de Infraestructuras vaya a aceptar el envite. Recordemos que Fernández Lores retó al gobierno gallego a que ponga el dinero pero que deje que sea el Concello quien ejecute la variante de Alba. El regidor pretende mediante convenio amarrar la obra ante la sospecha que el gobierno gallego se eche atrás. Es la misma estrategia que empleó con Fomento para el desdoblamiento de la avenida de Vigo.

Desgaste electoral

El órdago de Fernández Lores y su gobierno tiene una trastienda peligrosa: probablemente aumentará el desgaste electoral del BNG en Campañó, Alba y Cerponzóns. Conviene recordar en este punto que en las elecciones municipales del 26 de mayo, el Bloque perdió en las mesas electorales de esas tres parroquias, donde fue adelantado por el Partido Popular.

Si la Xunta accediera y el alcalde y su gabinete coaligado deciden tirar para adelante ejecutando la obra de la variante con el mismo proyecto o similar pero que no atienda la sensible modificación de trazado que reclaman los vecinos, deberán asumir un mayor varapalo electoral. Tanto en las próximas autonómicas de 2020 y por supuesto en las municipales del 2023.

Para los vecinos de Campañó y Alba el proyecto de variante no se mejora solo con aceras y senda ciclista como pretende el Concello, sino con un cambio sustancial de la traza. Casi 1.200 firmas recogidas y las protestas «funerarias» reiteradas alertan del impacto que tendría el proyecto tanto para un centenar de viviendas de Campañó como para el CEIP de Parada.

Conciliar intereses aparentemente tan encontrados va a resultar muy complicado.