Hemeroteca: El día en que Pontevedra dio el primer paso

Serxio Barral Álvarez
Serxio Barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Hasta aquel sábado de agosto de 1999, la imagen de coches circulando o aparcados en la zona vieja de Pontevedra era habitual. Hoy es impensable
Hasta aquel sábado de agosto de 1999, la imagen de coches circulando o aparcados en la zona vieja de Pontevedra era habitual. Hoy es impensable No disponible

En agosto de 1999 todo cambió en la capital provincial cuando el recién estrenado gobierno municipal del BNG tomó la decisión de peatonalizar la zona monumental. El resto es historia

22 ago 2024 . Actualizado a las 11:46 h.

«En Pontevedra estamos asistiendo a una actuación que, sin duda, va a ser histórica. Por fin se habla en la calle de algo que no es si el alcalde va o deja de ir a la procesión o a los toros». Un artículo de opinión publicado por La Voz de Galicia el 6 de agosto de 1999 anticipaba la trascendencia de una decisión que iba a cambiar el rumbo de la ciudad: el cierre del centro histórico al tráfico motorizado, previsto para el día siguiente.

Fue una decisión valiente y arriesgada adoptada por un gobierno local del BNG que todavía estaba tomando el pulso a la ciudad y que ya había dado que hablar por ese rechazo a participar en actos religiosos o por la eliminación de la figura de «reina de las fiestas», algo que aquel verano puso a Pontevedra en la órbita de los telediarios nacionales. Miguel Anxo Fernández Lores apenas llevaba un mes como alcalde cuando firmó un bando por el que se declaraba el centro histórico de Pontevedra como zona de «absoluta preferencia peatonal», prohibiendo la libre circulación dentro del perímetro formado por las calles Arzobispo Malvar, Valentín García Escudero, Buenos Aires, Padre Amoedo, Cobián Roffignac, Michelena y Plaza de España. Solo se permitiría acceder a residentes y servicios, y quedaba estrictamente prohibido estacionar en toda la zona.

Aquel fue el primer paso de la transformación urbana de Pontevedra, un hito que ha llevado a la ciudad del Lérez a obtener reconocimientos en todo el planeta, desde la ONU hasta la Unión Europea, desde la DGT hasta la Fundación Bloomberg en Nueva York, o a ser el único Ayuntamiento español presente en alguna de las cumbres internacionales sobre el clima, como fue el caso de la que se celebró en París en el año 2015. Y a presidir desde su creación la Red Española de Ciudades que Caminan, una entidad para la que el modelo Pontevedra es un auténtico referente.

Todo arrancó el 7 de agosto de 1999, que fue el primer día sin tráfico por el centro histórico. La decisión —que fue recurrida, sin éxito, por el PP ante los tribunales de Justicia— se adoptó en el primer mes de gobierno municipal pero llevaba mucho tiempo siendo masticada por los dirigentes locales del BNG, desde que estaban en la oposición municipal.

¿Cómo se desarrolló aquella primera jornada de peatonalización? Los pontevedreses estaban advertidos desde hacía días de que a las 8 de la mañana de aquel sábado no se podrían utilizar las calles de la zona vieja como vía de atajo entre el centro y el río. Tampoco se podría estacionar en toda el área. Había excepciones: los residentes sí tenían libre circulación, así como comerciantes con negocios en el casco viejo y vehículos profesionales de carga y descarga. Se repartieron más de 600 tarjetas habilitantes en apenas unos días, y desde el Concello se hablaba de que sería «unha peonalización branda», ya que no habría obstáculos físicos para impedir el acceso «a quen xustifique que vai realizar un servizo».

Colaboración ciudadana

El Concello había apelado en los días anteriores a la necesaria «colaboración ciudadana», pero aún así aquel día la grúa municipal trabajó «a destajo», retirando en pocas horas más de una treintena de vehículos que se encontraban en zona prohibida. Hubo especial dureza con el tráfico nocturno: al ser el centro histórico epicentro de la movida, lo habitual en aquellos tiempos era estacionar en las plazas de la zona para irse de copas.

Veinticinco años después, a nadie en Pontevedra se le ocurriría volver a meter el tráfico en el centro histórico, y el nuevo modelo urbano fue tan aceptado por los ciudadanos que Lores encadena con el actual su séptimo mandato al frente de la alcaldía.

Pero entonces sí hubo reticencias. Aquella medida fue la primera, y durante los siguientes años avanzó la transformación urbana de la ciudad con obras que se fueron sucediendo en prácticamente todo el centro. Y hubo protestas, manifestaciones por las obras —El Bloque nos bloquea fue una de las consignas más logradas—, y quejas que se repiten, aunque cada con más tibieza, cuando se adoptan nuevas decisiones en ese mismo sentido, como cuando se peatonalizó el puente de O Burgo. Pero hoy el modelo urbano de Pontevedra es reconocido y admirado en todo el mundo... Y todo comenzó un sábado de agosto de 1999.