La camiseta del Pontevedra que viajó desde Pasarón a Nueva York para animar a Rafael

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

R. S.

Un aficionado granate que trabaja junto a las antiguas Torres Gemelas recibió el uniforme del equipo firmado por la plantilla

26 feb 2025 . Actualizado a las 19:16 h.

A Rafael Sanmartín le va a costar olvidar el día que un buen amigo lo sorprendió mientras hacía unas fotocopias en la oficina. Trabaja en el Woolworth Building, un edificio ubicado junto al One World Trade Center, de Nueva York. En él ha vivido en primera persona la barbarie de los atentados del 11-S, no se olvida la imagen de ver como impactó el segundo avión, pero prefiere traer a la memoria los recuerdos que le dibujan una sonrisa. La última llegó cuando más lo necesitaba y cuando menos se lo esperaba. Y lo hacía desde muy lejos. Ha tenido un mal año, lucha contra un cáncer que le ha hecho aprender a disfrutar del momento. Su amigo Antonio lo sorprendió con un regalo que escondía la camiseta del Pontevedra firmada por todos los jugadores y el cuerpo técnico. Abrió el paquete en el que venía envuelto y exclamó: «Qué virguería». Rafael es granate desde niño. Antes de dejar Combarro por Nueva York ya iba al viejo Pasarón. Siguió haciéndolo de la mano de su familia y amigos en cada uno de los viajes a Galicia. Era su medicina para sacudirse la morriña.

Es hijo de la emigración. Uno de esos miles de críos que vieron partir a sus padres en busca de una vida próspera y que años después, cuando la situación laboral era buena, los vinieron a buscar. Los padres de Rafael lo dejaron en Combarro cuando tenía tres años y diez años después se lo llevaron a Nueva York. Nunca perdió esa vinculación con Galicia ni con sus amigos. Aún hoy le mandan vídeos desde Pasarón. Saben que las victorias de los granates es una de las cosas que más hace disfrutar a Sanmartín. Uno de los últimos le llegó antes de caer ante el Getafe en Copa del Ray, otro día de esos que Rafael tiene muy presente. «Vaya año que llevamos, a ver si ascienden. Son capaces de ganar al Levante, Villarreal o Mallorca y luego caemos contra el Fabril, como ya ocurrió el año pasado», explica. Lee cada fin de semana las crónicas y siempre que tiene ocasión, aunque ahora lo hace menos, acude a la Casa de Galicia en Queens para ver a los equipos gallegos.

Un equipo que le quita el sueño

El Pontevedra es su favorito, el que le quita el sueño cada fin de semana. Ahora hace una década que no visita Galicia. No es por falta de ganas. Esas le sobran, pero la vida se lo puso difícil y no pudo viajar. Se recupera de una enfermedad y espera poder juntar suficientes días para cruzar el charco y volver a Pasarón. La última vez que estuvo en el estadio fue en pretemporada hace diez años. «Trabajo en un bufete de abogados, soy una especie de asistente legal, para asuntos relacionados con la mala práctica médica o los accidentes laborales», explica Rafael antes de empezar la jornada laboral. El cáncer que sufrió le hizo cambiar la forma de entender la vida y después de una década sin visitar Pontevedra, reconoce que «ahora me doy cuenta de que no vale la pena tanto trabajo, hay que disfrutar de familia y amigos».

Ha sido un año duro y por eso Antonio quiso hacerle un regalo que no olvidase. Es de Ribeira y conoce al entrenador, Yago Iglesias. Habló con él para que el equipo le firmase la camiseta y regalársela enmarcada. «Lo hizo para animarme después de una temporada un poco dura. El fútbol es algo que mi hermano, mi padre y yo llevamos en la sangre», explica. Cuando Antonio le entregó la camiseta, le recordó precisamente eso: «Es de parte de la familia del Pontevedra por todo lo que pasaste, te mandan mucha fuerza y esperan que te haga mucha ilusión y mucha fuerza». Rafael responde sin dudarlo: «Hay que roelo», un grito de guerra que ya coreaba cuando era un crío.

En su corazón granate hay un hueco blaugrana. Su correo electrónico lo delata. Entre otros caracteres está la palabra culé. Se ríe al reconocer los problemas que le han traído ser del Barça. «Mi padre es muy merengue, pero él se fue a Nueva York y nos criamos con mis abuelos. Era la era Cruyff y mi primo nos inculcó que había que ser del Barça. Así que a partir de ahí solo hubo encontronazos futbolísticos en la familia», bromea.

De lo que sí hablan es del Club Deportivo Iberia, un equipo que nació en el barrio de Queens hace unas décadas. «Fui el presidente y estuve vinculado al equipo durante más de 20 años. Ahora está mi hermano y mi sobrino es el portero», recuerda Rafael, que lleva dándole patadas a un balón desde que comenzó de crío en el Atlético Combarro. «Ahí sí que había verdaderos derbis cuando jugábamos contra el Portonovo», cuenta desde Nueva York.

No hay un día en el que Rafael Sanmartín no piense en regresar a Pontevedra, donde conserva familia y un buen puñado de amigos. Durante muchos años venía cada verano y por problemas personales y de salud lleva años sin visitar Galicia. Ahora piensa ya en la jubilación en las Rías Baixas. «La morriña no se va nunca, la tierra tira aunque hayamos salido de allá hace cuarenta años», concluye este aficionado de corazón, que cada domingo se enfunda la granate.