Me encomiendo a Dios porque...

Jose Vale

RELATOS DE VERÁN

17 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Me encomiendo a Dios, porque la justicia se arrodilla.

No fue un juicio. Fue una ejecución con toga. Desde el primer día supe que el veredicto ya estaba escrito. En los pasillos, las miradas esquivas hablaban más que los autos judiciales. El otro bando tenía poder. Económico, político y simbólico. Podía inclinar balanzas con una llamada. Yo solo tenía los hechos. Y los hechos, en esa sala, eran irrelevantes. Intenté todo. Recursos, pruebas, apelaciones. Pero cada organismo se lavaba las manos: «No tenemos competencia». Luchaba contra un sistema que le teme más al poderoso que a equivocarse. Y cuando me quedé sin argumentos, sin fuerzas, «me encomendé a Dios». Me arrodillé no ante el juez, sino ante el cielo. No pedí castigo. Solo dignidad. Entonces ocurrió lo imposible: el pueblo habló. Un sobre anónimo, papeles viejos, pruebas guardadas por generaciones. Testigos que el miedo había hecho desaparecer… regresaron. La verdad rompió los barrotes del silencio. El fallo cambió. Y con él, todo. Gané el juicio. Pero no fue solo mío. Fue del pueblo. De los que nunca dejaron de creer. La sala no estalló en aplausos. Se llenó de lágrimas contenidas. Porque «la victoria verdadera no grita». Acaricia. Y la paz no se impone. Se conquista. La justicia universal no es un ideal. Es un eco que regresa. Fue un gran día, al fin, la justicia se levantó. Y lo hizo… del lado correcto de la historia.