Las manifestaciones contra las patentes de software se suceden y la polémica crece. Los motivos de la polémica son varios aunque con un denominador común: la libertad en lo que a temas tecnológicos se refiere.
06 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Bill Gates dijo en 1991: «Si la gente hubiera entendido de qué manera se concederían las patentes cuando la mayoría de las ideas que existen hoy fueron inventadas y las hubieran patentado en ese momento, hoy en día nuestro sector estaría estancado». No lo decía en vano. Todos hemos oído hablar de las patentes de software pero, ¿qué son realmente?. Si buscamos en la Wikipedia la definición de patente encontramos algo así: Una patente es un conjunto de derechos exclusivos garantizados por un gobierno o autoridad al inventor de un nuevo producto (material o inmaterial) susceptible de ser explotado industrialmente para el bien del solicitante de dicha invención (como representante por ejemplo) por un espacio limitado de tiempo (generalmente 20 años desde la fecha de aprobación). En Febrero del año 2002, la Dirección General para el Mercado Interno de la Comisión Europea publicó su propuesta de Directiva Europea sobre la patentabilidad del software. Esta propuesta, a pesar de que la explicación oficial parece indicar lo contrario, propone la admisión de las patentes sobre programas, como se puede ver en el análisis detallado realizado por FFII. En él se muestra como, por ejemplo, la Comisión usa un informe de la BSA para justificar la directiva, aunque ese informe no incluye ningún argumento relacionado con las patentes, o cómo se han ignorado informes realizados en Francia y Alemania que muestran el impacto negativo de las patentes de software sobre la innovación. La directiva permite patentar programas producto. Esto supone patentar técnicas innovadoras que se implementen con software, incluyendo métodos de negocio. Una patente da monopolio sobre una tecnología. Pero es bien sabido que los monopolios producen ineficiencias económicas, y sus costes sociales no son normalmente despreciables. Por ello cualquier extensión de las áreas que cubre la legislación sobre patentes (como la extensión a los programas de ordenador sobre la que se está discutiendo) debería ser estudiada con cuidado. Cualquier beneficio debería ser probado y ponderado frente a estos costes e ineficiencias. Las patentes se promueven normalmente como mecanismos para mejorar el desarrollo tecnológico en un área dada, y para ayudar a los innovadores a que consigan suficiente capital para convertir sus ideas en productos. En el caso específico del software la legislación sobre derechos de autor y la propia dinámica de la industria del software han sido suficientes para conseguir una historia notable de rápida innovación tecnológica y buena consecución de fondos. No hay evidencia de que las patentes sobre programas de ordenador mejoren esta historia. Por el contrario, hay evidencias de varios problemas que deberían solucionarse para poder mantenerla en el caso de que se introduzcan las patentes de software como un nuevo factor. Como efecto colateral, las patentes de software son claramente un gran peligro para la industria del software libre. Cualquier área económica que esté libre de patentes de software tendrá ventajas competitivas para esta industria. En el caso de que el software libre florezca en los próximos años, este efecto será de gran importancia para la economía y para el desarrollo tecnológico. Cercos a la libertad El principal problema de esta polémica radica en que a medida que pasa el tiempo y analizando la situación actual en comparación con hace unos pocos (poquísimos años), las tecnologías básicas por las que nos comunicamos son, cada vez más, una cuestión de software y algunos quieren obtener el control sobre éstas patentando de manera agresiva. Existe un amplio consenso al respecto y hace poco fue subrayado por el diseñador de la World Wide Web, Tim Berners-Lee. Durante mucho tiempo ha sido una regla vigente que estándares oficiales de Internet no deben contener tecnologías patentadas. Ahora, algunas grandes corporaciones tienden a establecer conceptos patentados como estándares universales. De cierto modo sólo pretenden recuperar lo que desaprovecharon hace años. Por ejemplo, existen algunas controversias acerca de las patentes de Sender ID que Microsoft posee y sobre los términos jurídicos bajos los cuales Microsoft permitiría su uso. Algunos consideraron que una primera propuesta de licencia de Microsoft fue dirigida en contra del software libre. Microsoft y SAP también abandonaron el CEFACT (Centre for Trade Facilitation and Electronic Business) de las Naciones Unidas porque otros miembros no aprobaron su propuesta de declarar estándares las tecnologías patentadas.