Un ridículo a tres voces: Florentino, Rubiales y Lopetegui

La soberbia del presidente, la ingenuidad del jefe de la federación y la deslealtad del entrenador hacen un daño irreparable a la selección

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El ridículo propiciado por Florentino Pérez, Julen Lopetegui y Luis Rubiales ya no tiene arreglo. A la soberbia del presidente del Real Madrid, la deslealtad del entrenador y la ingenuidad inicial del jefe de de la federación solo le quedaba una salida, la destitución del técnico guipuzcoano. Sería inadmisible que continuase un seleccionador a partir de ahora débil ante el grupo y con su credibilidad por los suelos ante la opinión pública. Porque mientras debía tener los cinco sentidos en el Mundial, por detrás dibujaba la pizarra del próximo Real Madrid. Un terremoto insólito en una selección de primer nivel la víspera del inicio del torneo más importante.

Florentino demuestra de nuevo que no ve más allá de su propio ombligo. Debería lavarse la boca cada vez que menta los valores del madridismo de antaño, que pisotea a capricho en beneficio personal. A Lopetegui le perdió la ambición por convertirse durante unas horas en el entrenador con más poder de la historia del fútbol moderno, estratega de una favorita al título en Rusia y cerebro en la sombra del actual campeón de la Champions. Para Rubiales vuelve a empezar su mandato con una decisión tan valiente como arriesgada después de un error clamoroso. Porque quiso tener la foto de la renovación del seleccionador al poco de llegar a la presidencia de la Federación Española, pero gestionó la ampliación de contrato con una incompetencia inconcebible al fijar las compensaciones en caso de que le plantasen casi en pleno Mundial.

El hábil muñidor de mayorías electorales cometió un error de alevín. La destitución, por mucho que los pesos pesados del vestuario quisiesen arrogarse un poder que no les pertenece, era irreversible. Pero Rubiales se la vuelve a jugar con el nombramiento de su sucesor. Regresa la selección de los líos. Un sainete para empezar el Mundial. 

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