ELISA ÁLVAREZ MI CALLE
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El asesino siempre vuelve al lugar del crimen y el hombre tropieza dos veces con la misma piedra. La vida te coloca en tu sitio que al final es tan solo un lugar de paso. Y Sabina sigue al otro lado del telón de acero (vuelve, Sabina). Al final todo se reduce a la postal que viste una tarde en una café, con soportales y piedra oscura; y a un libro viejo que resume Compostela en cien páginas anquilosadas, donde la Carmiña de antaño no es más que una universitaria pija a la que se le atraganta el Constitucional. Visto así, de la Rúa Nova (la de los hippies), me queda el barullo, el frío, la lluvia y la falta de supermercados. La calle de la que ningún turista conoce el nombre y en la que todo son indicaciones (siga recto, hacia abajo, y ya está en la Praza do Obradoiro. Y delante, la Catedral). Hasta las calles cambian según los recuerdos. Antes era la de las tiendas, de la fiesta (por la gente), al otro lado de la ciudad. Durante dos años fue la calle de los cafés (en el Retablo), y los famosos (Aitana Sánchez-Gijón; Nancho Novo, Marisa Paredes, ah!, y un Luis del Olmo al que seguramente aún no habían intentado matar ocho veces). Pero llega un momento en el que hasta el encanto desaparece de nuestra vida. ealvarez.santiago@lavoz.com