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Entrevista | Fermín Muguruza Este icono de la cultura vasca moderna hará etapa mañana en Santiago con su Komunicazioa Tour, desafiando las prohibiciones, para presentar «In-Komunikazioa»
06 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Se podrá coincidir o no con los planteamientos políticos del artista euskaldun, en los últimos tiempos vetado en diversos espacios políticos y mediáticos del Estado, pero no cabe duda de que ha contribuido a modernizar y abrir caminos en los estrechos esquemas de la música actual, tanto en Euskadi como en España. Su independencia, como su espectacular directo, son contundentes, y lo demostrará en su concierto en la sala compostelana, a las once de la noche, inspirado en su último trabajo discográfico, In-Komunikazioa . Muguruza estará compañado de doce músicos y ofrecerá un espectáculo de más de dos horas fusionando jazz, soul, reggae, ska, funk, hip-hop, rock y folk vasco. -Un buen combo para iniciar el año. -Sí. Vengo con una banda grande, al más puro estilo de las bandas funkis de la época setentera, que siempre he soñado reunir como buen seguidor de James Brown. Una banda con una buena sección de metales, que nada más salir sea un ataque total, coros, una trikititxa , el elemento folki incluido dentro de esta formación rockera. Fusionamos todos los estilos que a mi me gustaron toda mi vida, especialmente la música negra, y elementos como la triki , de los más antiguos del folclore vasco. Después estan los skratchs , haciendo ruidos y sonidos, y la parte normal: guitarras, batería y yo. Es una banda muy colorista que aprovecho para repasar toda mi vida musical tras veinte años en la carretera. -Ya que hablas de la «triki», ¿me han contado que usted y su hermano Javier fueron unos chavales campeones del instrumento? -Tocábamos el acordeón, no la triki . En nuestra época, en el 69, había más afición por la triki que por el acordeón. Equivocadamente, nos educaban más en la técnica que en el alma del instrumento. Yo lo dejé y me hice bastante punki. Descubrimos que el folk vasco, como el irlandés, tienen una conexión muy cercana con el punk. En el 69 viendo a The Beat en un concierto contra la central nuclear de Lemóniz me dije: esto es lo que manda. -Las críticas sobre el disco dicen que las letras esconden cierta desilusión hacia compromisos políticos de las primera épocas. ¿Lo ve así? -No estoy de acuerdo. Sigo estando en primera línea de batalla sino el PP no hubiera ido en contra de Manu Chao y mía en la última gira por nuestra postura contra de la guerra, el Prestige o la defensa de la palabra del pueblo vasco. Mi compromiso no bajó un ápice, pero tiene dobles lecturas como la última película de David Lynch.